Jorge Luis Borges

24 agosto 2011

Venía a hablarles, indignada, del logo que Google estrena hoy y que celebra el natalicio de Jorge Luis Borges, o lo que Google piensa que Borges es. En particular, me molesta el escenario postpunk industrial que pretende representar la obra borgeana y la afirmación del video - recogida por varios medios de comunicación angloparlantes - de que Borges cultiva "la ciencia ficción y el realismo mágico". Decido no hacerlo por varios motivos; en primer lugar, que meterme a discutir qué es o no es Borges es una tarea demasiado compleja, que me excede. En segundo lugar, que puedo muy bien argumentar por qué Borges no cultiva ni el realismo mágico ni la ciencia ficción, pero para ello debería detenerme en las definiciones de esas dos estéticas que no me gustan. En tercer lugar, que sería inútil. Aquellos de ustedes que ya leyeron a Borges saben que la afirmación es falsa, y los demás saben que es ridículo citar a Google como una au
toridad en materia de literatura y no van a tomar la frase como cierta. Nótese que considero a estos últimos como mucho más inteligentes que, por ejemplo, los periodistas de The Guardian.

En realidad, si quisiera escribir ese texto, debería ser mucho más complejo, porque debería ir a las razones que hacen que Borges pueda ser interpretado en estos términos. Eso involucraría mostrar que parte de la recepción de Borges en EEUU se hizo gracias a autores considerados "de ciencia ficción" (Ray Bradbury es un buen ejemplo), y mostrar por qué el calificativo de "ciencia ficción" es, aun para los que se definen como parte de ese género, muchas veces falsa. También deberíamos discutir qué es ese engendro del realismo mágico, y por qué se lo considera exclusivamente latinoamericano, al punto de confundir a cualquier autor de estos lares por un realista mágico. No le ha sucedido sólo a Borges: también, con sorpresa, he oído la calificación para Vargas Llosa. (*)
Debería, también, hablar de por qué el realismo mágico me resulta insoportable, lo que nos llevaría a hablar de que no soy nacionalista y por lo tanto, tampoco "continentalista", y definir la literatura en función de su lugar de procedencia me parece criminal. Pero tendríamos que hacer un paréntesis para explicar que, en realidad, es importante de dónde viene un autor para comprender su obra... etc etc etc; en fin, sería un post largo, aburrido, que me llevaría muchísimo tiempo y que sólo serviría para continuar la tradición polémica que con tanto gusto cultivo en el blog.

Que nadie comente, por favor, el hecho de escribir un texto sobre no escribir un texto.




---

Por otro lado, les comento otra indignación que experimenté hoy, y que tiene que ver con el hecho de que "Jorge Luis Borges" haya sido trending topic en twitter, a consecuencia del logo googleano. Me permito citarles algunos tweets de hoy:





Asumo que ya la mayoría de ustedes estarán enterados de que ambos poemas - ambos pésimos - están falsamente atribuidos a Borges. Lo interesante es que ya sabemos, más o menos, de dónde salieron: esta página tiene un artículo excelente sobre el tema.

Como sabrán, el mayor obstáculo que tienen los estudiosos de los clásicos es el de poder fijar la versión definitiva del texto con el cual trabajan. Circulan muchas versiones distintas del mismo libro (**). Algunas tienen alguna frase que sobra o que falta; otras veces, capítulos enteros. A veces hay un libro entero que la tradición consideró de un autor y que hemos venido a descubrir con el tiempo que es falso. O que no sabemos si es falso o no lo es. Se los llama "textos apócrifos" y son miles.
¿Por qué? No lo sabemos, y hay muchas respuestas posibles. Por ejemplo, podemos jugar al teléfono descompuesto a través de la historia. Un copista copia a un copista que copia a un copista que copia a un copista... y es esperable que alguna vez se cuele un error. Alguien leyó mal una palabra, o pensó que estaba mal y creyó mejorarla. Otras veces sucede que el traductor se pone creativo, y elige aclarar algo que considera confuso en el texto original. Otras veces, una frase se mancha, se rompe, se pierde, y hay que dejarla en blanco o rellenarla de alguna manera [esto sucedió en el poema de Parménides, y se rellenó mucho después de la invención de la imprenta].
Pero con los libros o capítulos completos, la historia es más interesante. Sucede que las grandes bibliotecas de la antigüedad estaban siempre a la compra de libros, y si eran de algún autor reverenciado, mejor. Los libros eran carísimos, y su precio aumentaba con su rareza. Imaginen lo que podía llegar a valer un libro completamente desconocido de Aristóteles. Por ello, no era extraño que algún erudito escribiera un tratado de Metafísica intentando que sonara aristotélico y se lo vendiera a alguna biblioteca. Estos textos se incoporaban al canon y... allí están. Esperando que los purguemos. De algunos fragmentos, es indudable, jamás podremos asegurar su autenticidad.
Pero existe otra posibilidad, que no excluye a la anterior, y es la de imaginar a un sabio que ha escrito un libro que lo llena de orgullo y que, sin embargo, nadie está interesado en leer. El pobre hombre, deseoso de que se conozca su obra, afirma que pertenece a un famoso escritor de la Antigüedad. Él jamás será famoso, no. Pero su libro sí. ¿Pasó alguna vez? No lo sé, nadie lo sabrá. Pero pudo pasar.
La idea del autor que esconde su nombre para asegurar la fama de su obra me parece hermosa. Estamos hasta el cuello de autores que hablan de alcanzar la inmortalidad por sus obras, como si éstas fueran el vehículo para cumplir sus propios deseos egoístas o exorcizar temores metafísicos. El otro, en cambio, se sacrifica por su libro. Renuncia para siempre a la posibilidad de la inmortalidad. Ahora los purgamos, pero poco importa: han tenido mil o dos mil años de lecturas.


Es una pena que uno de los poemas atribuidos a Borges haya sido obra de un cómico estadounidense de los 50, que alguien luego atribuyó a una anciana amable, que alguien luego tradujo para Borges. Es una pena que este poema se le atribuya a Borges desde hace tanto tiempo - por lo menos veinte años. Yo pensaba que era nuevo: la primera vez que lo leí fue en un e-mail.
Es una pena porque siempre me gustó la idea de un autor poco talentoso (qué duda cabe) que, para garantizar que su poema sería leído, lo firmó con el nombre de Jorge Luis Borges y lo envió por mail a sus amigos. No lo firmó con el nombre de cualquier escritor. Pudo haber elegido alguien menos conocido, menos reverenciado: un Denevi, un Anderson Imbert, un Roxlo. Pero no, vino a elegir justamente a la máxima autoridad literaria argentina, al escritor más mencionado y más estudiado del país. ¡Era obvio que tarde o temprano se descubriría! La osadía, en este caso, perdona la estupidez. Escribir un poema sobre helados, paraguas y gárgaras, firmarlo con el nombre de Borges y difundirlo es una obra maestra de valentía, de esas que no puedo dejar de reconocer.


Los invito a que lean el link que les dejé sobre la historia de un texto doblemente apócrifo, dos veces mal atribuido. Las conclusiones del autor son, tal vez, lo más interesante, porque responden a la pregunta más difícil: ¿cómo se explica que un poema apócrifo sea el más popular de todo el canon borgeano? ¿Por qué a la gente le gusta tanto este poema? El autor afirma lo que yo ya sospechaba: al público medio le encanta ver a un Borges "humano", que reniega de las bibliotecas, los mapas y las tipografías del siglo XVIII y canta las virtudes de ensuciarse con barro en un paseo por el parque. Es, en términos de Milan Kundera, una victoria del kitsch. Si Borges canta lo que las telenovelas nos han enseñado a apreciar como hermoso, entonces es "de los nuestros". Si los académicos y los profesores hablan de Borges con citas eruditas y palabras muy largas, es porque lo han malinterpretado. Borges mismo dice que los libros no importan y que hay que jugar con niños y subirse a calesitas. Borges es nuestro porque es kitsch: porque se emociona con las mismas cosas con las que nos emocionamos - o deberíamos emocionarnos - todos nosotros.


Es interesante notar, por otro lado, que esta reflexión me nació en unas vacaciones familiares en Chile, hace ya bastantes años. En un puesto de artesanías había uno de esos horribles poemas colgantes hechos en cuero o símil cuero. El poema en cuestión era, oh casualidad, Instantes, pero esta vez estaba atribuido a Pablo Neruda. Con mi papá comentamos que era llamativo que en ambos países eligieran como autor del poema al escritor más prominente. De ahí a la conclusión de que nos gusta - a todos, chilenos y argentinos - que nuestro Señor Respetable le diga a los eruditos que hay que salir sin paraguas, no hay mucho camino.


Para despedirme, les dejo un poema - esta vez sí es de Borges - que, si no nos invita a tomar helados y subirnos a calesitas, sí puede asociarse, lejanamente, con su hermano ilegítimo. Al menos porque la edad que afirma tener el autor de "Instantes" es la que tenía Borges cuando se publicó Góngora:

Marte, la guerra. Febo, el sol. Neptuno,
el mar que ya no pueden ver mis ojos
porque lo borra el dios. Tales despojos
han desterrado a Dios, que es Tres y es Uno,
de mi despierto corazón. El hado
me impone esta curiosa idolatría.
Cercado estoy por la mitología.
Nada puedo. Virgilio me ha hechizado.
Virgilio y el latín. Hice que cada
estrofa fuera un arduo laberinto
de entretejidas voces, un recinto
vedado al vulgo, que es apenas, nada.
Veo en el tiempo que huye una saeta
rígida y un cristal en la corriente
y perlas en la lágrima doliente.
Tal es mi extraño oficio de poeta.
¿Qué me importan las befas o el renombre?
Troqué en oro el cabello, que está vivo.
¿Quién me dirá si en el secreto archivo
de Dios están las letras de mi nombre?

Quiero volver a las comunes cosas:
el agua, el pan, un cántaro, unas rosas...




(*) Borges no hace realismo mágico; en todo caso, algunos cuentos son de género fantástico. La confusión, de todos modos, es perdonable. En todo caso es ridículo separar tajantemente géneros literarios, que todos los grandes genios del siglo XX han sabido mezclar. Me llama la atención en el caso de Vargas Llosa porque no recuerdo ningún aspecto siquiera levemente "fantástico" o "mágico" en sus libros.
(**) Obviamente, uso el término "libro" de modo laxo. Asumo que saben que en la Antigüedad no había "libros" como los que compramos ahora en Cúspide. Asumo que serán lo bastante inteligentes como para no hacermelo notar con un mail.

Trámites

12 agosto 2011

Esto es largo y aburrido, pero necesito descargar mi odio con alguien. Pueden omitir el siguiente post si quieren.


Me piden que haga un depósito de una suma importante en la cuenta de un cliente en el Banco de la Nación Argentina. Recuerden bien esto, lectores extranjeros: el Banco Nación. No el Francés, ni el Santander, ni Galicia, ni ningún banco privado. El Nación.

Después de media hora de cola - porque en el banco Nación no dan números, les gusta hacerlo a la antigua y tenernos en filita india -, me encuentro con la primera sorpresa: me piden mi DNI para hacer un depósito, cosa que jamás me piden en ningún otro banco.
Doy mi DNI.
- No podés hacer el depósito porque estás dada de baja en el sistema.

Si hay una cosa que odio en este mundo es el bendito "sistema", de los bancos, telefónica y afines, que aparentemente es una construcción bucrocrática-metafísica de un poder absoluto ante el cual todos los empleados deben retroceder. Si "el sistema" dice algo, nadie puede discutirlo. Independientemente de que "el sistema" haya sido creado y mantenido por los mismos nerdos de veinte años que se la pasan jugando wow y comiendo cheetos, con los que me junto habitualmente.

- ¿Cómo me pueden haber dado de baja si yo jamás me di de alta?
La cajera parece confundida.
- ¿Qué querés decir?
- Que yo no soy clienta del banco, nunca lo fui, así que no entiendo cómo tienen mis datos para darme de baja.

Después de veinte minutos de teclear y mirar la pantalla confundida, la cajera me informa que una vez, hace tres años, hice un depósito en una sucursal de Mendoza, y presenté mi DNI, por lo que entré al "sistema". Segunda sorpresa: basta con hacer una operación mínima para que Banco Nación aloje mis datos más privados en la base de datos que regentean los mismos nerdos de los que hablamos más arriba. La cosa es que, como pasó mucho tiempo desde esa operación, "el sistema" me dio de baja y ya no me deja operar. Tercera sorpresa: Si le soy infiel al "sistema", éste se venga bloqueandome el acceso a las operaciones del banco.

- ¡Pero esto es ridículo! ¿Cómo me van a dar de baja por no operar hace mucho tiempo?
- Es una medida de seguridad.
- ¿Y cómo puedo hacer para depositar? Esto es para un cliente del estudio en que trabajo, es importante.
- Dame el DNI de alguien más.
- ¿El de mi jefe?
- Sí, dame ese.

Cuarta sorpresa: Por seguridad, no me dejan operar con mi propio DNI. Pero sí me dejan - por seguridad - hacerme pasar por un hombre de sesenta años.

- Es 10.XXX.XXX
- Él también está dado de baja.
- A ver, probá con este: [el de otro jefe]: 4.XXX.XXX.
- También está dado de baja.
- A ver, quiero depositar plata en una cuenta de ustedes. Quiero darle plata al banco. ¿No hay otra cosa que pueda hacer?

[Veinte insoportables minutos donde la cajera sigue tecleando confundida]

- Podemos volver a darte de alta. Andá al sector F y sacá turno.

¬¬

Voy al sector F. Saco turno. Espero. Me atienden y digo mi problema.

- Bueno, para darte de alta necesitamos abrirte una cuenta en el banco...
- Nononono, pará. Yo no quiero abrir una cuenta en el banco.
- Pero no pasa nada, es gratuita. Es para que figures en el sistema.
- ¡No importa! No quiero tener una cuenta en el banco solamente para hacer el depósito de un tercero. ¡Esto es ridículo! En ningún otro banco siquiera me piden el DNI para hacer un depósito, ¿y acá me piden que abra una cuenta?
- Es por seguridad, señorita. Lo pide "el sistema".

[Respiro y cuento hasta diez]

- A ver, vos me decís que figuro en el sistema porque hace unos años hice un depósito en Mendoza. Si fuguro, entonces significa que no es necesario que abra una cuenta para volver a aparecer.

El empleado me mira como si estuviese hablando japonés.

- Si yo no tengo cuenta acá y figuro en el sistema - insisto - es que me podés dar de alta en el sistema sin que yo abra una cuenta acá.
- No entiendo qué querés decir.
- Quiero hablar con un supervisor, por favor.
- Pero...
- Dame con un supervisor ya.

Veinte insoportables minutos de espera después, se apersona un supervisor con cara de Soy Importante. Vuelvo a explicarle mi problema.

- Sí, no es necesario que abras una cuenta en el banco. Seguro entendiste mal. El chico no quiso decirte eso.

Elijo darle esa pequeña victoria porque no estoy de humor para seguir discutiendo.

- Bueno, entonces ¿podés darme de alta?
- Sí, necesito tu último recibo de sueldo y constancia de CUIL.
- A ver... no tengo recibo de sueldo, porque no trabajo en blanco, y no tengo número de CUIL porque jamás trabajé en blanco. Soy estudiante.
- Entonces no hay nada que podamos hacer. Para entrar al "sistema" necesitás CUIL.
- Pero si yo ya estaba en "el sistema"...
- Claro, claro. Pero "el sistema" cambió hace unos años.
- Mirá, necesito depositar este dinero. Necesito hacerlo hoy. Del modo que sea. ¿No me podés dar alguna solución aunque sea provisoria?

Me mira con cara de cómplice.

- Sólo por esta vez, te voy a dar de alta en "el sistema". Pero en una hora te vuelvo a dar de baja. Así que depositás ahora, pero si después querés volver a operar vas a tener que darte de alta con recibo de sueldo y CUIL.

Quinta sorpresa: Para operar en el BANCO DE LA NACIÓN ARGENTINA necesitás ser un trabajador en blanco. Si sos estudiante o pobre, te jodés.

- Gracias, muchas gracias.
- De nada, linda.
[Contengo las ganas de matarlo a hachazos]

Voy a la caja nuevamente. Hago la cola.
- Aparecés como dada de baja - me dice la cajera.
- ¡Pero no puede ser! ¡SI ACABAN DE DARME DE ALTA HACE CINCO MINUTOS!
- Ah, eso es porque "el sistema" tiene una espera de quince minutos. Esperá un rato más.

10 minutos después hago el depósito y me voy con ganas de matarlos a todos.

Salomónicos ante todo

27 julio 2011

Ocurrió en aquel tiempo que se le presentaron a Salomalena dos jóvenes que venían cargados con libros. El primero se adelantó y dijo:

- ¡Oh, sabia reina! He aquí la saga completa de Harry Potter. Esta mujer pretende que la saga Crepúsculo es mejor que ésta y que debe ser considerada la mejor obra de literatura infanto-juvenil. Yo vengo humildemente anti ti, Oh, Reina, porque pienso que Harry Potter es la más digna de ser considerada la cumbre de la literatura. Esta mujer aquí presente confunde a los jóvenes con vampiros que brillan y niñas que fingen un suicidio para llamar la atención.

La joven así aludida tomo la palabra y dijo:
- Si los jóvenes leen Crepúsculo es porque es mejor, y no hay nada más para agregar.

Salomalena reflexionó un momento y luego sentenció:

- He escuchado vuestras palabras y reflexionado sobre ellas. Ahora afirmo que ambos libros deberán ser destruidos, y se prohibirá su lectura. Aquel que sea encontrado leyendo o comentando el libro será penado con la muerte.

- Está bien, está bien - dijo la seguidora de Crepúsculo. Así no habrá más peleas.

Mas el seguidor de Harry Potter se adelantó con un gritó y expresó:

- ¡Oh no, sabia Reina! ¡Prefiero vivir en un mundo donde Crepúsculo sea más popular que Harry Potter antes que vivir en un mundo sin Harry Potter! ¡Antes la muerte!

La sabia reina Salomalena sonrió ante estas palabras, y luego anunció que, si tal era el deseo del joven, sus esbirros lo matarían para complacerlo. Pero antes, dijo, debería ser azotado 10 veces por haber osado discutir una orden real. Luego indicó que también sería azotada y muerta la fanática de Crepúsculo, porque hay que mantener la justicia ante todo. Y además, vamos, Crepúsculo apesta.

Y el pueblo vivió en paz.

Ejercicio metafísico

19 julio 2011

Estoy estudiando a Strawson para un aterradoramente próximo examen final de Metafísica. Rápidamente les cuento que en los textos que estoy leyendo Strawson está respondiendo a la pregunta básica por lo que hay, es decir, dando las condiciones para que podamos decir que algo es o no es.

En polémica con Quine, intenta demostrar que los universales (las propiedades, por ejemplo: ser rojo o ser grande) son de algún modo y no podemos desecharlos de una ontología que pretenda dar cuentas del mundo efectivo en que vivimos, por el simple hecho de que en nuestro discurso cotidiano los usamos, los comprendemos y les damos algún tipo de existencia. (Tal vez existencia no sea la palabra adecuada, pero espero que me comprendan: tal vez "la rojez" o "lo rojo" no existe en y por sí, pero es de algún modo, porque hablamos sobre él - lo usamos como objeto de predicación - y tenemos una comprensión intuitiva de lo que implica como concepto)

No me interesa discutir aquí la metafísica de Strawson, sino proponerles un juego filosófico. Es decir, entrar en la argumentación del autor, considerarla verdadera sólo para seguir el juego y ver qué implicancias podría tener que Strawson no ve o no nos dice.

Para que aceptemos que algo es o no es, debemos establecer determinado "criterio de admisibilidad ontológica". Es decir, debemos establecer determinadas condiciones que -creemos- todo ente debe cumplir para postularlo como tal. (*) (No decimos "cosa" porque se asocia rápidamente con algo material y desde higadoreptante creemos que hay más cosas que las materiales, como los estados mentales, por ejemplo.)
El criterio de Strawson es epistemológico, en el sentido de que refiere a un proceso interno del individuo: "Toda entidad, [para que la consideremos como entidad] debe ser identificable".

Recordemos que Strawson está en polémica con Quine, cuyo criterio es el siguiente: "No hay entidad sin identidad". Es decir, para Quine, podemos decir que algo es un ente cuando lo podemos identificar directamente. Esta mesa, esta persona.
¿Qué pasa con lo rojo, para Quine? No vemos "la rojez". Vemos cosas rojas. No tenemos una identidad clara para "lo rojo", pero sí para cosas que casualmente son de ese color. No parece haber un criterio claro de identidad para los universales, y por lo tanto, Quine sostiene que no podemos decir que los universales sean.

Para Strawson, por el contrario, identificar a un objeto particular - este perro - depende de que seamos capaces de ver los universales que este perro en particular ejemplifica o instancia. El ser perro, el ser marrón, el ser particularmente molesto, etc. Por lo tanto, postular una ontología que deje de lado estos universales implica postular una ontología que no refleja correctamente nuestra percepción y comprensión del mundo. Si queremos ser fieles a lo que percibimos, debemos darle algún tipo de identidad a los universales. Para ello, Strawson amplía el criterio de Quine: no hace falta tener una identidad, hace falta simplemente ser pasible de ser identificado.

Si alguien nos preguntara "¿qué es 'rojo'?" señalaríamos un objeto material de ese color. No tenemos un criterio de identidad, pero podemos identificar cosas rojas como instancias o ejemplos del universal rojo. Esto, para Strawson, alcanza para dar entidad.

¿Qué tipo de entidad? Una debilitada, por supuesto, en una tradición que se remonta a Aristóteles. El objeto físico - espaciotemporal desde esta perspectiva - es el sujeto de predicación privilegiado del hecho de ser. Todo tipo de entidad depende, de alguna manera, de este objeto. Ser rojo, ser molesto, ser cercano o lejano, dependen en ultima instancia de que haya un ente espacio temporal relacionado con ese universal. Por ello los objetos físicos son los "particulares básicos": todo tipo de universal debe estar relacionado con ellos para ser tal, e incluso tenemos otros particulares que dependen de esos particulares básicos (los estados mentales, por ejemplo).

¿Se entiende hasta acá?

Bueno, ahora, pongamonos en actitud filosófica. Sin hacer trampa: no estamos tratando de demostrar que Strawson está equivocado - no todavía, al menos - así que no tiene sentido salir de su perspectiva. Por el momento, queremos ver qué implicancias tiene esta teoría, por lo que vamos a dar por cierto todo lo que hasta ahora les dije, aunque no nos convenza del todo. Esas son las reglas del juego.

Tomando en cuenta todo lo que les dije:
Supongamos que estamos en la misma habitación. En mi departamento, para ser más claros. Ustedes me preguntan "¿En qué pensás, Male?" y yo les respondo: "En la teoría metafísica de Strawson". Ese pensamiento es (es "algo", no importa qué: si es, es una entidad). Es porque depende de un particular básico: yo, que tengo un cuerpo, y por lo tanto soy un objeto espacio temporal. Ustedes saben que ese pensamiento es porque es mío, y saben que yo soy porque me están viendo aquí, en este lugar, y ahora, en este momento.
Ahora supongamos que me preguntan: "¿Qué estás tipeando, Male?". Y yo respondería: "Estoy en internet, escribiendo sobre la metafísica de Strawson". Y si ahora me preguntaran...

"¿Qué es internet, Male?"

¿Es un particular básico? No, porque no es espacio-temporal.
¿Es un particular? No, porque no podemos identificarlo de manera ostensiva (no podemos señalar y decir "esto" si nos preguntan qué es) ni dar una descripción que lo identifique de manera satisfactoria como un ente determinado ("lo que estoy pensando ahora mismo", "la persona más alta del mundo").
¿Es un universal? No, porque no es algo cuya existencia se evidencie en la instanciación en particulares (lo rojo es algo que se evidencia en las cosas rojas, la felicidad es algo que se evidencia en las personas felices).

Entonces podemos preguntarnos:

1. ¿Está mal la metafísica de Strawson, y deberíamos ampliarla para hacerle lugar a entes como programas de computadora y conjuntos de redes de comunicación?
2. ¿Están mal mis respuestas a las preguntas, e internet es alguna de las opciones anteriores?

1. a. Si la metafísica de Strawson está mal, ¿qué es internet? Y no vale que vayan a un diccionario y busquen la definición. No nos interesa saber la definición de un concepto, nos interesa saber de qué modo podemos decir que ese concepto es. ¿Es en sí mismo, como una mesa? ¿Es en otro, como el color rojo? ¿Es una categoría, un objeto, una clase, un conjunto?
1. b. Antes de decir qué es internet, ¿no deberíamos ponernos de acuerdo sobre si es o no? ¿Es internet? ¿Es un ente en particular? ¿O es un conjunto de procesos que parecieran ser una sola cosa? Y si es un conjunto de procesos, ¿por qué no podemos decir que es un ente? (**)

2. a. Y si la metafísica de Strawson nos parece satisfactoria, ¿qué dije mal? ¿Por qué internet sí es un particular - o un universal, como prefieran? ¿Cómo deberíamos reformular las categorías de Strawson para hacerle un lugar a los entes como internet, la world wide web o linux?

(Hacer filosofía no es meterse en discusiones gratuitas donde afirmamos obtusamente "A es x, porque me parece así". Hacer filosofía, para mí, es meterse en el juego de las preguntas e implicaciones lógicas que tienen nuestras afirmaciones sobre lo obvio, y que venimos jugando, como humanidad, desde el "el ser es lo que es" de Parménides hasta hoy.)

Los invito, entonces, a agarrar la pelota y meterse al juego. Las respuestas, al grupo de lectores de facebook, a mi mail, a mi buzz, a mi google+, a mi twitter, a mi teléfono. Si logro resolver esta cuestión - creo que ya tengo una respuesta, pero no estoy segura - veré de incluir las suyas en la próxima actualizada.

---

(*) Para darles un ejemplo contemporáneo, pensemos en la penosa exclusión de Plutón del conjunto de planetas del sistema solar. Básicamente, un montón de científicos se reunieron y dijeron "Nuestra definición de planeta para el sistema solar es muy vaga, deberíamos reformularla". Entonces dieron un montón de características que un ente debía cumplir para poder ser considerado como planeta. No son filósofos, así que dejaron de lado lo obvio: claro que debe ser espaciotemporal, material, etc. Un planeta es un "objeto celeste" que cumple las siguientes condiciones: A) Orbita alrededor del sol. B) Tiene suficiente masa como para alcanzar equilibrio hidrostático. C) Tiene dominancia orbital.
Nosotros estamos hablando de entes mucho menos complejos que los planetas: estamos hablando de los entes en general. Por lo tanto, debemos dar condiciones mucho menos sofisticadas. Un ente vendría a ser "todo aquello que..." y aquí damos alguna condición. (todo lo que pueda ser predicado, todo lo que sea identificable, todo lo que sea pasible de ser el valor de una variable, son ejemplos que se han dado en la filosofía).

(**) Estoy pensando en Ygrámul el Múltiple, de la Historia Interminable. Un conjunto de insectos voladores que se acomodan para formar la figura de un solo ente, y zumban a la vez para simular una voz. Pero todos tienen -o parecen tener- la misma conciencia. Ygrámul, ¿es un ente o muchos entes? ¿O las dos? ¿O ninguna?

El cuerpo (digamos)

13 julio 2011

Algo que vimos sobre las elecciones - algún tweet de un ultrakirchnerista deseoso de ver derechaje en donde sólo había rechazo inmaduro al gobierno, algún comentario que bordeaba lo fascista de alguno de los impresentables de la oposición - nos disparó una charla sobre política cuando veníamos caminando, volviendo a casa a las 12 de la noche. A él no le gusta hablar de política, pero siempre hablamos de política. Nos preguntábamos los dos si todos veían pero decían otra cosa, o si realmente veían otra. Jamás se nos ocurrió preguntarnos si lo que noostros veíamos era lo que estaba mal - pero es porque nunca vemos respuestas, son siempre preguntas. Nos preguntábamos qué le hace la política a la gente. Creo que en algún momento lo comparamos con lo que pasa cuando ingresás a una secta. No sé. Sé que en algún momento nos quedamos callados. Sonaba mi taconeo y algunos autos.

Habíamos tenido una linda noche y yo estaba de buen humor, sin ganas de que las elecciones se mezclaran con lo que había estado pensado en las últimas semanas - ya me conocen, siempre tengo un pensamiento que me obsesiona por un tiempo, que nunca logro resolver en el papel y que se va diluyendo para dejarle paso a otros. Pero se mezclaron. Él se quedó callado el resto del camino y yo me largué a hablar.

- Es que somos una generación dividida. Somos hijos de los 90 y tragamos esa filosofía desde la cuna. Pero también somos los hijos de los desaparecidos... la muerte de Victoria Walsh nos habla a todos. ¿Quién no quiere morir como ella? En camisón, en la terraza de su edificio, disparándole a un helicóptero, riéndose mientras grita "¡Hijos de puta, ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir!". ¿No?
Asintió.
- Somos jóvenes y no podemos negarnos a esa idea. Está en nuestras cabezas desde hace generaciones. Unirse a los valientes para salvar a los débiles, en contra de los hijos de puta. Matarse en camisón. Es una imagen muy atrayente, la verdad...
Me quedé en silencio por unos metros.
- Pero vos y yo no podemos hacer eso. ¿Por qué idea nos mataríamos? ¡No hay nada...! - volví a pensar un rato, en silencio.- El amor, tal vez...
- Sí, es como vos decís. Por la "vida"... ponele. Por esto que vivimos ahora. Pero ya lo estamos viviendo. No hay por qué matarse.
Seguimos caminando en silencio por otro rato y yo no le dejé saber la leve decepción que me produjo malinterpretar mi "por amor" en una especie de canto a la vida en general.
- Es más que eso. - seguí, encontrando el hilo de otra idea.- Es encontrarse con todos los demás en una gran marcha. Es caminar hacia algún lugar sabiendo que un montón de gente igual a vos camina a tu lado. Por eso nunca vamos a poder sentirlo. Vos y yo somos espectadores de esas cosas. Nunca vamos a sentir placer en ir al mismo lugar junto con todos los demás. Nos gusta observarlos de lejos. Porque antes que nada, antes que todo, queremos conservarnos como individuos. Sé que suena como el intelectual en su torre de cristal pero no es eso. Es el miedo a perderse uno.
Lancé el humo del cigarrillo lentamente.
- Y sin embargo... somos palomas, a fin de cuentas. Cuando alguien se larga a caminar en una esquina, aunque el semáforo esté en rojo, yo sin pensar empiezo a caminar detrás de él. Como cuando una paloma remonta vuelo y todas las siguen. ¿Qué es una paloma si no se define como paloma? ¿Qué es...?
Él seguía callado y yo me estaba poniendo muy triste.
- No es nada. Si separás a una paloma de las demás no es nada, no le sirve de nada ser un individuo. Una paloma sólo puede ser una paloma.
Me acordé de que el fin de semana habíamos visto cómo un artesano de Recoleta trataba de desengachar con una vara de metal a una paloma que se había enredado en algo que sobresalía de una pared. La imagen era horrible. La paloma aleteaba asustada y parecía desesperarse cada vez que el artesano acercaba la vara, sin entender que trataba de ayudarla. El hombre estaba algo frustrado y hacía movimientos cada vez más bruscos. Yo temía que en cualquier momento arrancara la pata enganchada y por eso le rogué a Emi que nos fuéramos.
No se lo dije, pero creo que él pensaba en la misma escena.

- Y ahí entra la literatura, el universal. - llevamos semanas, meses, discutiendo ese tema que me obsesiona. Por qué la historia del retorno, los gemelos, el niño en una cesta, la virgen que da a luz, el diluvio, la madre universal, se repiten en tantas culturas. Por qué en tribus cazadoras y recolectoras hay historias que parecen arrancadas de un folletín barato. Por qué es tan perfecta la definición que le dio C.S.Lewis al Señor de los Anillos: "una historia que se remonta a la Odisea y a antes de la Odisea". - Yo me encuentro con todos los demás cuando tomo un libro. Por eso casi siempre leo clásicos. Porque es una historia que habla de mí y de todos los demás y va a seguir para siempre. Por eso no necesito a la política. Porque me encuentro a mí misma como ser humano en la literatura.

De nuevo nos quedamos callados y yo tenía la sensación de haber descubierto algo en una sesión psicoanalítica. A la vez me sentí tonta, porque usé palabras mucho más grandilocuentes de las que me atrevo a reproducir acá. Así seguimos algunas cuadras. Ya estábamos cerca de casa cuando no me aguanté la sensación de estupidez que sentía. Necesitaba confirmar que no había dicho algo idiota.

- ¿Qué pensás de lo que dije?
- Nada. Es muy lindo.
- ¿No te parece cursi?
- No, para nada. Es muy cierto. Encontrarse con los demás en la literatura. Me parece mejor camino que el otro.
- No, no lo es...
Pensé por un rato para encontrar las palabras.
- ¿Viste la importancia que tiene la metáfora del cuerpo en política? Por ahí leí que es una metáfora exclusiva de la derecha, pero no es cierto. Sí es reaccionaria cuando habla del cuerpo social infestado por algún cáncer o enfermedad que hay que sacar. Pero aparece en todas las tendencias políticas. No sólo pensamos la sociedad como cuerpo, sino que le damos importancia a la política en relación a la corporalidad. Y es que.... en el fondo, la política es el encuentro de los cuerpos. Todos nosotros en la plaza pública. A mí no me gusta ir a recitales porque me empujan, porque huelo aliento a alcohol, porque me pegan cuerpos sudados contra el mío y no me dejan respirar. En el fondo no voy a recitales porque me da asco el cuerpo de los otros. Y unirse en un proyecto político no es más que eso: es disfrutar del cuerpo del otro, que camina junto al tuyo en una marcha adelante. Mi solución al problema es mediada. Interpongo la literatura, la mente, el alma, como quieras, entre el cuerpo de los demás y el mío. Hago trampa en mi relación con los demás. Intelectualizo mi relación con el resto. Entonces, al final, siempre estoy separada.
Tiré el cigarrillo.
- El único cuerpo con el que tengo contacto es el tuyo. - Pensaba en que, como ya no voy a bailar ni a recitales ni tengo un gran grupo de amigas donde el pudor deja lugar a la confianza, mi único contacto con el resto de la gente es más bien una práctica social, que nada tiene que ver con nuestros cuerpos. El roce de unas manos cuando le paso unos papeles a un abogado. El beso en la mejilla cuando me presentan a alguien. La mirada esquiva que se le da a un cliente. Nada más. - Y a fin de cuentas eso también es trampa, porque en los momentos donde soy más cuerpo con vos, es también donde soy más espíritu o lo que quieras. ¡No te rías! Hablo en serio. Ahí meto al amor en el medio y ya dejamos de ser cuerpos. Como que...

Me miró con una media sonrisa (¿qué era? ¿sorna? ¿burla? ¿pensaría que estaba exagerando, o no me creía?) mientras metía la llave en la puerta del edificio. Mientras esperábamos el ascensor caí en la cuenta de todo lo que había hablado y comenté "A veces siento que sos mi psicólogo". El momento había pasado: volvía a ser conciente de dónde estábamos. Ya en casa empezamos a hablar de la película que habíamos visto, de que al otro día nos levantábamos temprano, de cualquier otra cosa.

Unas horas después, cuando él ya dormía, yo trataba de retomar el hilo de lo que le estaba diciendo y no pude encontrarlo. Tampoco puedo, ahora. Así que les transcribo la conversación esperando, con algo de ingenuidad, descubrir qué habría dicho si el camino de vuelta hubiera sido más largo - y esperando que me perdonen este pobre intento de venderles gato por liebre, charla por post.


Parcialmente nublado

25 junio 2011

Con las metáforas no se juega. El amor puede surgir de una sola metáfora.

Milan Kundera.


Al poco tiempo de haber cortado con un novio que tuve, me fui a Mendoza de vacaciones. Las necesitaba desesperadamente. Estaba triste por muchos motivos; además de la inevitable tristeza por la ruptura, sentía algo así como lo que deben sentir las madres en la depresión post parto. Aquí está todo esto por lo que trabajé durante tanto tiempo - esta ciudad, esta carrera, esta independencia. Esto es todo lo que quise. Esto es todo. ¿Esto es todo?

Esto fue hace muchos años, cuando este blog todavía se actualizaba seguido, yo no tenía idea de que existiera alguien en el mundo que se llamara Emilio Zieba, ni me importaba no saberlo. Tenía ideas muy firmes sobre muchas cosas que ahora no creo. Sonreía más seguido, juzgaba más, pensaba menos, leía tanto como leo ahora, me sentía feliz.

Volví de Mendoza un día lluvioso y mientras descansaba del viaje en el living, recibí un mensaje de texto de mi ex, que todavía no sabía que en esas vacaciones yo había aprendido que existía alguien que se llamaba Emilio, ni que a partir de ese momento toda mi vida iba a estar marcada por eso. Era un mensaje cortito: "¿Ya estás en Buenos Aires?".
Yo no le había dicho a él ni a nadie que lo conociera que volvía ese mismo día. "Sí", le respondí. "Llegué hoy".

"Me di cuenta por la lluvia", respondió, y nunca hubo una ex novia más agradecida ni más sonriente que yo al recibir ese mensaje. En ese momento - nunca se lo dije - lo quise muchísimo y agradecí el haberlo conocido. No pensaba volver con él: una vez que una conoce a alguien que se llama Emilio Zieba, ya no puede pensar en querer a nadie más. Pero sonreí. Toda mi relación anterior quedó justificada por ese mensaje.

Les cuento: durante esa relación yo viajaba mucho entre Mendoza y Buenos Aires. Y desde mi primer viaje hasta ese último mensaje, siempre hubo una tormenta cada vez que yo llegué. A el lo conocí así, en mi primer día en unas vacaciones en Baires, empapada en Corrientes y Florida por una lluvia sorpresiva. Fue él el que me lo hizo notar. "Siempre que venís, llueve".
Era tierno y gracioso. No pensaba mucho en eso, pero era simpático darme cueta de que cada vez que volvía de un viaje las gotas empezaban a caer.


Un tiempo después, en un fin de semana largo que no recuerdo por qué fecha fue, esa persona que se llama Emilio Zieba y cuya existencia había pasado a ser vital para la mía, me vino a visitar a Buenos Aires.
No les voy a contar cómo me dijo que venía, porque fue demasiado lindo y, aunque a ustedes los quiera mucho, comprenderán que no quiero mirones en mis recuerdos más preciados. Simplemente digamos que yo estaba feliz y que lo único que me bajoneaba un poco era saber que el fin de semana iba a ser lluvioso. Tenía algunas esperanzas de que el pronóstico se hubiera eqivocado, pero las abandoné a todas cuando salí de mi depto ese día para ir a buscarlo a Retiro. El cielo estaba nubladísimo y sonaron un par de truenos. Llevaba mi paraguas en la mano.

Pero a las pocas horas no había ni rastros de una nube en el cielo. Ni la hubo en todo el fin de semana. Pasamos unos días hermosos, llenos de sol, hasta el martes en que lo acompañé de nuevo a Retiro para que se volviera a Mendoza. Ahí se puso nublado de nuevo. Nos abrazamos, nos besamos, él se subió al micro y en ese momento - como si alguien lo hubiera estado esperando - empezaron a caer unas gotitas que en poco tiempo eran una tormenta declarada. Durante toda esa semana llovió, como si el cielo se estuviera desquitando por tener que haberse aguantado tantos días.
Esa vez yo no llevaba paraguas. De Retiro me fui a la facultad empapándome alegremente. Sonreía sola - por los días que había pasado y también por la inesperada sorpresa de la lluvia. Era una confirmación casi sagrada. La metáfora perfecta. Hasta ese momento, yo podía traer la lluvia, y eso no pasaba de ser una feliz curiosidad. Pero ese martes todo tuvo sentido. Emilio traía el sol.

Quoth the raven...

09 junio 2011

Once upon a midnight dreary, my pen empty, my sight teary,
Ethics manuals piled high, and scrambled papers on the floor,
Longing for my long-lost nights, still I sat there, studying hard
And I know there's no more time, I would not finish that chore.
My exam is on Tuesday and I'm writing in my blog
- study harder, lazy whore!

Cosmogonia

01 junio 2011

Antes de que fueran los hombres, antes de que fueran los dioses y el mundo y el cielo y la tierra, existía, para los griegos, Kaos. ¿Qué es Caos? No es la nada, ni es el vacío tal como lo entendemos nosotros. Caos no es lo contenido en un recipiente vacío, ni es él mismo el recipiente. Caos es el vértigo, la ausencia de sentido, la bruma, el desconcierto. No tiene límites, porque éstos lo definirían. Caos no tiene un horizonte de eventos: es el puro ser, ser sin determinación, ser que no es absoluto porque no es nada más allá de sí mismo. Caos es el Abismo, pero todo abismo es también - como lo llaman algunos mitólogos - una Abertura.

Del seno mismo de Caos nació Gea, la tierra. Surge de la Abertura y se ubica sobre ella. Como Caos es él mismo pura indeterminación, pura falta de sentido, sólo puede nacer de él lo que es su perfecto opuesto. El piso del mundo. Gea tiene una forma nítida y precisa. A la confusión de Caos se opone la estabilidad de Gea. [*]

Quiero que nos detengamos en esto un instante, porque los mitólogos no lo hacen. De Caos sólo puede haber sido engendrada Gea. No hay otra opción, ni lógica ni empírica. Nosotros, pobres mortales, con nuestras pobres palabras, sólo podemos definir a Caos como una carencia de, (de lo que sea), porque somos hijos de los hijos de Gea y de ella hemos sacado nuestro ser y nuestras palabras. Pero Caos es más grande que Gea, infinitamente más vasto, porque todo lo que no es sentido, orden, piso, lenguaje, es Caos.
Y Caos, al igual que Gea, tiene potencia creadora. Caos está en constante ebullición, moviéndose siempre sobre sí, engendrándose siempre a sí mismo. Pero todo lo que Caos crea que no es Gea, que no es sentido ni piso, vuelve a ser siempre Caos.

Nacida del Caos, Gea está sobre él. En sus profundidades, a las que ningún hombre fue nunca, todavía se revuelven confusos sus límites con la Abertura. Es lo que los griegos llamaron la Tierra Negra, la tierra fértil de donde saldría todo lo demás. Y es que Caos es la pura potencia de ser, lo que aún no es algo definido, y Gea es puro acto, lo que es en sí mismo. De la unión de ambos, de la potencia que puede ser acto, es que puede salir todo lo demás.
De sus profundidades, Gea engendrará al mundo, porque es la madre universal. Y así como Caos sólo puede engendrarse a sí mismo o a su perfecto opuesto, también así Gea comenzará por dar todo lo que ella misma no es: Urano, el Cielo, y Ponto, el Agua, el agua primigenia universal. Y en este engendrarse, ambos se dan como su complemento y su opuesto. Urano, como el manto del cielo, cubre toda la extensión de Gea. Gea es el piso y Urano es el techo, el arriba y el abajo, y nada puede ser más allá del resquicio entre ambos. Ponto, por otro lado, es el reino de lo fluido, lo informe, lo inaprensible, frente a lo sólido, compacto y estable que es Gea. Ambos la complementan y, en el darle sentido a su forma, alcanzan su propio ser.

Gea y Urano están tendidos uno sobre otra. El arriba y el abajo, el macho y la hembra, están íntimamente unidos. Cada resquicio de Urano está en contacto con la correspondiente porción de Gea, y de esta unión puede salir, por primera vez, algo que no es lo opuesto a uno sino que es es distinto de ambos.
El Urano primordial no tiene otra ocupación más que el unirse con Gea. Al comienzo sólo son ellos dos, acoplados en el otro en una unión eterna. Pero Gea, madre primordial, siente en su seno a los hijos de ambos, que no pueden salir de ella - porque no hay un algo más adónde salir que no sea la unión eterna entre los dos.
Estos hijos son los seis Titanes y sus hermanas; el más joven de todos ellos es el famoso Cronos. Aparte de los Titanes, existen dos tríos: los Cíclopes - Brintes, Estéropes y Arges - y los Hecatonquiros, los Cien Brazos - Coto, Briareo y Gies. Los Cíclopes tienen el poder de la vista, la luz y el rayo, que luego ofrecerán a Zeus. Los Cien Brazos son la pura fuerza bruta.
Sintiendo la vida revolverse dentro de ella, Gea se enfurece y se inflama. Pide a sus hijos que la ayuden a desprenderse del abrazo de Urano: sólo uno de ellos, Cronos, acepta el reto. Gea hace crecer en sí misma - recordemos que no hay todavía un afuera - una hoz. Desde el vientre de su madre, Cronos toma el miembro viril de Urano con la mano izquierda y lo corta con la hoz que sostiene en la diestra.

En ese momento suceden muchas cosas a la vez.

Prestemos atención a los nombres, que ellos siempre nos darán la clave oculta del mito. Hasta ese momento no hay, propiamente, ningún momento. De Caos surge Gea y de Gea, Urano y Ponto, como un movimiento lógico, analítico, imposible de medir en términos temporales. No hay mundo que se mueva y en ese movimiento engendre el tiempo. No hay eventos, ni un antes y un después. Caos fue primero, no en un sentido cronológico sino conceptual. Este desdoblarse de Caos y de Gea no se produce en el mundo sino que es él mismo el origen del mundo. [**] El mundo nace propiamente del crimen de Cronos.

Inmediatamente Urano aúlla de dolor y se separa de Gea, liberando el espacio entre el cielo y la tierra en donde, a partir de ese momento, diremos que es el mundo. Allí sale por primera vez Cronos, y en el hacerse del mundo, en el abrirse del espacio en donde Cronos se mueve, allí por primera vez hay Tiempo (que no es más que el nombre de Cronos). Espacio y tiempo se configuran como las dos variables interdependientes cuyo entrecruzamiento permite la experiencia. [***] Sólo en ese ser entretejido podemos decir que hay vida y movimiento como los entendemos nosotros: entre el cielo y la tierra como nuestros horizontes, entre el espacio y el tiempo como nuestros moldes.

En ese primer momento, en el primer movimiento que hace el tiempo recién nacido, Urano se recluye para siempre en las alturas. Desde ese momento, sólo volverá a unirse con Gea a través de las lluvias bienhechoras, que fertilizarán la tierra y permitirán que crezca la vida.
Cronos arroja sobre su hombro el miembro de su padre, que manchará de sangre la tierra y caerá, subierto de esperma, al mar. De la sangre de Urano nacerán las Erinias, aquellas que castigan los crímenes familiares, y representan el recuerdo y la venganza; los Gigantes, personificación de la violencia del guerrero; y finalmente, las Melíades, las ninfas de los fresnos, el árbol con el que se fabrican las astas de la lanza del luchador. De la sangre de Urano sobre el mundo nace la violencia, la guerra, el odio y la discordia: Éride. [****]
Por otro lado, la espuma del mar se mezcla con el esperma de Urano. El miembro de Urano flotará así por Ponto hasta la isla de Chipre, dejando caer en el mar toda su potencia creadora. De esta espuma nacerá Afrodita, seguida por Eros e Himeneo, Amor y Deseo, que algunos llaman sus hijos.
Estos son los nacidos, todos a la vez, del crimen de Cronos. La Discordia, la separación entre lo que debería estar unido, y el Amor, la unión entre lo que es opuesto y hasta ese momento estaba separado. En este primer lapso de tiempo, en un brevisimo instante, Cronos ha instaurado el escenario - el mundo -, los personajes - él mismo y sus hermanos - y todos los conflictos que nacerán de sus acciones - las pasiones, buenas y malas, los sentimientos, la lucha, el amor, el sucederse de las generaciones. En una palabra, es en este momento donde comienza para todos los griegos la Historia.

Dejamos de lado la Cosmogonía griega, porque el telón se ha levantado sobre un mundo ya constituido en donde es posible la acción dramática. Ya no hay un prepararse, un hacerse, un nacer. El Cosmos, lo ordenado, acaba de crearse. De ahora en más, vendrá la lucha por su soberanía.

---


[*] A quien leyó a Hegel, o a algún neoplatónico, le será bastante más sencillo comprender esto, supongo. Yo no tengo modo de explicarlo mejor, aunque sé que no está claro.
[**] Por eso el Génesis judeocristiano es, a mi parecer, erróneo. No hay, propiamente, "primer día" de la creación hasta que no están separados Cielo y Tierra. En la creación de ambos es cuando se crea tambien, a consecuencia de ambos, el tiempo, y con él, el primer día.
[***] Por supuesto, esto es Kant.
[****] Volveremos a cruzarnos con ambas después. Éride, la Discordia, será la que arroje en el banquete del matrimonio de Tetis y Peleo la famosa manzana de oro que tendrá como consecuencia el rapto de Helena y la guerra de Troya. Creo que es una historia demasiado conocida como para contarla aquí. Por otro lado, las Erinias serán las que persigan a Orestes para expiar el crimen que cometió al matar a su madre, Clitemnestra, que a su vez había asesinado a Agamenón. En su intento por defenderse de aquellas, Orestes implora a Atenea, ocasión que inaugura el primer juicio de la historia y la creación- mítica, por supuesto - de la ciudad de Atenas.

Poner en palabras

30 mayo 2011

... que nunca nadie dijo, aquello que todos alguna vez sentimos.

--

-------- estoy buscando, estoy buscando. Estoy intentando comprender. Intentando dar a alguien lo que viví y no sé a quién, no me quiero quedar con lo que viví. No sé qué hacer con eso, le tengo miedo a esa desorganización profunda. No confío en lo que me pasó. ¿Me pasó algo que yo, por el hecho de no saber cómo vivirlo, lo viví como si fuera otra cosa? A eso querría llamarlo desorganización, y tendría la seguridad de aventurarme, porque después sabría a dónde volver: a la organización anterior. A eso prefiero llamarlo desorganización pues no quiero confirmarme en lo que viví -en la confirmación de mí perdería el mundo tal como lo tenia, y sé que no tengo capacidad para otro.
(...)
Ayer, sin embargo, perdí durante horas y horas mi montaje humano. Si tuviese valor me dejaría seguir perdida. Pero temo lo que es nuevo y temo vivir lo que no entiendo; quiero siempre tener la garantía de, al menos, pensar que entiendo, no sé entregarme a la desorientación. ¿Cómo explicar que mi mayor miedo sea el de ir viviendo lo que vaya sucediendo? ¿Cómo explicar que no soporte yo ver, sólo porque la vida no es la que pensaba sino otra?, ¡cómo si antes hubiese sabido lo que era! ¿Por qué el ver produce una desorganización tal?


La Pasión Según G.H, de Clarice Lispector

Pero todavía no sé.

28 mayo 2011

“¿Pero entendés qué es lo que me molesta?” “Sí.” “Pero no sé qué hacer” "Yo tampoco" Tenés las manos tan masculinas, tan atractivas, tan grandes, siento que podrías cubrirme entera con una. Siempre me gustó que me tocaras con ellas. Siempre me va a gustar verlas. “Al menos eso...” “Sí, pero...” “¿Pero qué?” “Que sí, tenés razón.” Me imagino que me estás tocando la cintura y no puedo evitar fijar la vista en tu boca. Me imagino que se cierran todas las puertas y todas las ventanas para siempre y nos quedamos solos, solos vos y yo. Me imagino que el mundo se cae a pedazos y no escuchamos nada. “Vos sabés lo que quiero decir.” “Sí, ya sé.” “Pero no sé...” “Ya sé.” “¿Qué sabés?” "Eso... te entiendo... no sé." Quería que rompieras la mesa de un puñetazo. Quería gritar. Quería pegarte y que me pegues, arañarte, que me tires el pelo, que me aprietes, morderte, morderte y besarte. “Yo tampoco sé.” “Yo sé que vos sos vos y yo soy yo y lo que vos sientas y lo que yo sienta. Pero... ¿entendés?” “Sí, de a uno es distinto.” Quería irme para siempre, correr por el mundo, vivir mil aventuras, escapar de vos. Y que me persiguieras. “Pero en el fondo, no sé” “Yo tampoco”.

Dedicatoria a un libro

23 mayo 2011

El mayor temor de todos los amantes de la literatura es la famosa quema de libros. Creo que todos nosotros alguna vez imaginamos que sería posible que seres siniestros decidieran invadir nuestras casas, arrancarnos nuestros tesoros y quemarlos públicamente en la calle para comenzar una nueva civilización, ascéptica, realista, objetiva.

Si sucediera, y tuviese la posibilidad de salvar algunos, me vería en aprietos. Me sería absolutamente imposible decidir cuál de todas las joyas que tengo guardadas en la biblioteca sería la más conveniente resguardar para la humanidad. Tal vez la Odisea, porque hay quien dice (y yo le creo) que allí está el germen de todos los demás libros. Tal vez a mi muy querido Borges. O a mis rusos, particularmente a los hermanos Karamazov y a Anna Karenina. Igualmente, creo que me quedaría confusa, llorosa y asustada ante una decisión tan grande y me sería imposible hacerlo.

En cambio, si tuviera que emprender un viaje largo, sin mucho equipaje; si me dejaran sola en una isla desierta, con unos pocos objetos predilectos; si un tutor maligno se hiciese cargo de mi biblioteca para purgarla... entonces sí, podría decidir sin pensarlo, porque hay un libro, de todos los libros del mundo, que me habla a mí, acerca de mí, con las imágenes que yo hubiese elegido de saber hacerlo, contando todo lo que yo puedo, podría, pude y podré hacer. Ese libro es el que tenés en tus manos ahora.

¡Pero si es un libro para niños...!, dirán los necios. Pero yo te lo estoy regalando a vos porque sé que vos vas a entender qué importante que fue para mí un libro en la infancia, y que puedo querer a un libro a través de todos los años que pasen por lo que significó para mi de chica. Pero hay algo más. Y es que yo creo que este libro cumple aquello que El Principito sólo promete: es un libro para el niño dentro de todos los adultos. Y aquel adulto que pueda leer este libro sin disfrutarlo... ay, entonces, para mí esa persona está muerta, mil veces muerta, y sería mejor que no hubiese nacido nunca.

He leído este libro muchísimas veces. Cuando era demasiado chica para recorrerlo entero, me detenía en algunos párrafos que me gustaban particularmente, sin ningún orden. Desde que tuve edad suficiente, lo he leído de cabo a rabo al menos una vez al año. Otras veces lo he leído varias veces con unas pocas semanas de diferencia. Y ahora, que ya me sé algunos párrafos enteros de memoria, incluyendo todas las poesías, vuelvo a leerlo como lo leí de chica, como se leen los Grandes Libros de la humanidad, el I Ching, la Biblia: de a párrafos particularmente fuertes o significativos. De todos modos, aún ahora, hay veces en que vuelvo a comenzarlo desde el principio. Cada vez que lo leo me sumerjo de nuevo en un mundo distinto. Y cada vez encuentro algo que no había visto la vez anterior. Como nos recuerda Heráclito, nadie se mete dos veces en el mismo río. Y es que ni el río ni aquel que se mete son los mismos la segunda vez. Con el libro que te estoy regalando me pasa lo mismo.

El autor utiliza una imagen, en otro texto, que me parece muy reveladora: ¿qué refleja un espejo en un espejo?. Se está refiriendo, obviamente, a la literatura. Desde su perspectiva - y esto queda muy claro en este libro que te estoy regalando - cada historia no es más que el reflejo de aquel que la lee. Y, al mismo tiempo, cada lector no es más que el reflejo de aquello que lee. El proceso es infinito, absurdo, vacío y a la vez lleno de contenido. Sumergirse en un libro - y sumergirse en serio, sin antiparras, sin puntos de referencia, entrando de lleno a lo profundo - no es más que tomar un viaje dentro de uno mismo. Es por eso que hay tantos libros que nos dejan indiferentes. No hablan de nosotros, simplemente.

A lo largo de toda mi vida, he ido repartiéndole este libro a muchas personas que quise, y particularmente, a aquellas que sentí que iban a entenderlo - y entenderme a mí. Algunas, claro, simplemente sonrieron y lo leyeron de un tirón, sin saber qué importante que era para mí esa lectura. Creo que otras sí lograron entenderlo. Pero esas personas - las que más me quieren, y a las que más quiero yo - no amaron a este libro tanto como lo amo yo. No pretendo que vos lo hagas, tampoco. Así como hay miles de personas que nos son indiferentes, algunas a las que queremos y sólo una a la que amamos, así sucede con los libros, y yo no puedo pretender que mi libro sea "el" libro para todos los demás, así como puedo entender que la persona que yo ame sea una persona más para tanta gente.
No espero, entonces, que este libro te cambie la vida o te marque para siempre, como lo hizo conmigo. Pero, insisto, es mi libro. Es un ineludible pedazo mío. Es el unico regalo auténtico que te puedo hacer.

Me muero de ganas de contarte toda la historia, de cabo a rabo, como yo la entiendo. Pero no quiero quitarte la sorpresa de la lectura, el primer y maravilloso contacto con algo nuevo. Por eso, te pido que me hagas un favor: ni siquiera leas la contratapa. Pasala por alto. Y, si me permitís darte un consejo, para todo lo que te resta de vida, jamás vuelvas a leer una contratapa, ni leer la crítica de un libro, ni el prólogo, ni nada, hasta después de haberlo terminado. Claro que así te obligo a que te arriesgues a embarcarte en aventuras que no te interesan. Pero, a cambio de eso, vas a ganar algo muchísimo más importante, que no sé cómo decirte en palabras. Quizá si te dijera que alguien te ofrece escurrirte, de noche, en la habitación de aquella a la que no verás desnuda por un tiempo más, y espiar a tu gusto, sin hacer un ruido ni hacerle saber que estás ahí. O no, no es exactamente eso. Es como si alguien la hubiese filmado de noche, mientras se desvestía, con los colores y ángulos que él prefirió ponerle, y ahora te ofreciese ese video... Claro que es tentador... ¿pero cómo renunciar al placer de descubrir uno mismo, con sus propias caricias, aquello que hasta entonces estaba vedado? ¿Para qué leer lo que otro leyó, ver lo que cualquiera puede ver, cuando se lo puede descubrir por uno mismo?

Venía con ganas de decirte cuáles fueron mis partes favoritas, reflexionar sobre ellas, tratar de desmenuzar algunas imágenes que este libro ofrece que me obsesionan. Renuncio a ese placer porque te lo regalo, no tanto porque sea mío, sino porque también quiero que sea tuyo.

Entiendo que, haciendo esto, tal vez no logre hacerte entender qué me gustó tanto, por qué podés encontrar todo lo que soy - todo, todo lo bueno y lo malo que tengo, todo lo que digo y lo que oculto, lo que siento y lo que aún no sé que tengo adentro - en esas páginas. Y eso está bien. Estoy acá, para que me conozcas, me descubras y tal vez me quieras, siempre que lo desees. Y creo que, incluso sin tratar, vas a poder saber cuáles fueron mis partes favoritas, qué reflexiones pude haber tenido en estas páginas, qué partes me emocionaron y cuáles me hicieron llorar.

No puedo agregar nada más. Pero, antes de despedirme, quiero agradecerte de corazón por todas tus palabras de aliento y consuelo a lo largo de los años, y desearte, sencillamente, que lo disfrutes. -

Floresta

16 mayo 2011

Yo me río de la gente del conurbano, que tiene que viajar en auto para evitar el tren cargado de gente y vienen a la capital sólo cuando es perentorio o cuando se sienten aventureros. Les echo en cara mi cercanía, porque estoy cerca de todo, en el centro del universo porteño. Pero guardo un secreto, y es que vivi en Floresta. No lo digo porque es aterrador para el que conoce el barrio, e incomprensible para el que sólo lo conoce de nombre. Pero hoy necesito contarlo. Hoy quiero hablarles de mis tiempos por el barrio.

--

Floresta quedaba lejos, muy lejos.

Floresta quedaba tan lejos que nadie podía decir que le quedara cerca. Nuestros "vecinos" de Flores, Parque Avellaneda o Mataderos suspiraban cada vez que les decíamos el nombre de nuestro barrio. Y hasta nosotros teníamos que vencer una gran resistencia a la hora de hacer actividades tan sencillas como ir al supermercado. En Floresta las cuadras son más grandes, o el metro es más largo, o los vecinos éramos más vagos.

Aquellos que trabajabamos por la zona del microcentro viajábamos más horas de las que pasábamos en la oficina. Muchos preferían quedarse ahí, acomodarse en el escritorio y llevarse el cepillo de dientes en el maletín. Otros, como yo, preferíamos el ronroneo del colectivo durante horas, y emprendíamos el viaje de todos modos.
Pasaban semanas y ya no sabíamos si era de día o de noche, si estábamos llegando tarde o yendo muy temprano. El azar marcaba nuestros horarios.
Algunos lo preferían así.

La postura es interesante. El libre albedrío es una de aquellas bellas ficciones de la modernidad que nuestros tiempos demasiado modernos han aprendido a desechar. Nadie ejerce su libre albedrío levantándose a las ocho de la mañana, desayunando a las apuradas y corriendo a la oficina para convertirse en un hombre gris durante nueve horas - con una de almuerzo. Tendríamos que suponer que trabajamos para poder costear lo que nuestro libre albedrío nos dicta que queremos; unas vacaciones, por ejemplo.
Para mí, suponer que lo que realmente deseamos hacer es meter las patas en el agua mientras tratamos de meter panza, es un insulto a toda la raza humana.

Por ello los trabajadores de Floresta suponíamos que, ante la muierte del libre albedrío, era mucho mejor someterse al arbitrio caprichoso de los vientos del destino antes que convencerse de que la vida era lo que queríamos.
Esperábamos transportes herrumbados durante horas y horas para luego viajar penosamente a través de montañas y desiertos para llegar a la oficina. Llegábamos a la hora en que todos se iban, pero con unos días de retraso, y volvíamos a casa sintiéndonos mártires. De nuevo emprendíamos el viaje y durante semanas sólo podíamos mirar por la ventanilla. A la larga, todos dejábamos de ir a nuestros trabajos, de ir a la facultad, de salir del barrio, y nos quedábamos caminando entre las cuadras llenas de casitas. Por ello es que todos los vecinos de Floresta tienen tendencia al divague metafísico.

Algunos aprovechaban las lecciones de los gatos y perros abandonados que pululan por el barrio, y comenzaban a tomarse la vida día a día. Otros no pudimos hacerlo nunca. Éramos, a todas luces, los extranjeros. Ellos veían nuestras costumbres barbarascon desprecio y nosotros tratabamos de adaptarnos con sorpresa. Nos indigábamos, al principio, de esperar por días en la estación de tren, durmiendo en nuestra propia mugre. No entendiamos la resignación de los demas. Tampoco entendíamos su malestar cuando llegaban al centro y se enteraban de que el mundo había cambiado mientras ellos viajaban. Nosotros corríamos ávidos a los puestos de diarios, intercambiábamos noticias emocionados, ¡se cayó el muro!, ¡alemania está unida!, mientras ellos barruntaban por dentro que cuando estaba el zar estas cosas no pasaban y los demás habitantes de Buenos Aires sonreían curiosos, pensando que estaban presenciando una intervención artistica callejera.

Los hopi eran una tribu cuyo lenguaje no distinguía entre verbos y adjetivos y para los cuales todo lo que significaba antes o despues, también era cerca o lejos. Aprendí la lección de los hopi viviendo en Floresta. El mundo estaba lejos: en el pasado o en el futuro. Ir a trabajar era viajar en el tiempo, adentrarme por meses en un agujero de gusano con forma de colectivo 5 y salir, yo igual, mientras el mundo se había movido incomprensiblemente y descubrir que habian pasado años mientras yo miraba por la ventana del bondi el paisaje monótono de casas y edificios.

Fuimos a votar cinco meses antes de las elecciones, para que nuestras boletas tuvieran tiempo de llegar al conteo. Al final no llegaron, se perdieron en el camino, pero tampoco importo mucho porque entre las callecitas circulares, llenas de chicos jugando a la pelota y gatos persiguiendo palomas, todos los florestinos nos habíamos perdido o acaso olvidamos para qué salimos de nuestras casas.
Una vez conocí la historia de un chico al que llamaban El Cautivo. Lo vi una vez, sentado en la vereda, mientras yo pasaba para el supermercado con una vecina. Era, a la sazón, un hombre crecido, barbudo, con una sonrisa melancólica que podía significar tanto sabiduría como estupidez. Le habían ofrecido un puesto en el microcentro, con una remuneración jugosa. Cuando fue a la entrevista la familia lo saludó gravemente; su madre ocultaba algunas lágrimas. Lo esperaron por meses y nunca volvio. Pensaron que se había adaptado allá lejos, encontrado una nueva vida, avanzado en otro lugar donde las distancias no significan tiempos, lugar incomprensible y sin razón. Pero un día encontraron a un hombre barbudo y confundido dando alaridos de placer en el parque avellaneda, ante un árbol que siempre usaban los chicos para marcar el arco. Los padres vieron allí a su hijo perdido, y tal vez para no romperles la ilusion, los vecinos dejaron que volviera con ellos. Era él, lo descubrieron pronto: apenas entró a la casa, corrió hasta su habitación y sacó del hueco tapado por una baldoza floja una figurita de Homero Simpson, sacada de los huevitos Jack. Hubo llantos y abrazos por el Cautivo, que con los días se transformaron en suspiros de resignación. El Cautivo no hablaba, gruñia cuando alguien se le acercaba, dormía en sus propios excrementos. Por algún motivo jamás sabido le había desarrollado un temor sobrenatural a los puestos de diarios y gritaba desesperado cuando se acercaba a uno. Al final, la familia optó por dejarlo todo el dia en la vereda, entretenido en ladrdarle al diariero, hasta que finalmente el Cautivo se fue para siempre, de vuelta a la jungla en la que seguramente había terminado tratando de sortear los mares y montañas que lo separaban de la tan ansiada entrevista.

Una vez decidieron instalar un loquero en la ciudad, y vinieron a construirlo justo a Floresta. Hubo protestas, claro, los vecinos no querían a los locos como vecinos. Eso era normal. Lo anormal fue que todos nos divertimos cuando descubrimos que el proyecto no avanzaba en absoluto. La razón era aterradora, pero no nos importaba. Todas las semanas salían camiones del centro, cargados de obreros, maderas, ladrillos, dispuestos a modernizar a nuestros locos, que tan bien estaban en la vereda o en el cadalso de la plaza. Pero esos camiones no llegaban nunca. En el camino, los obreros envejecían, encontraban al amor de su vida, se casaban. Sus hijos emprendían nuevamente el mítico viaje para comenzar el ciclo de nuevo. A veces algunos, enardecidos, seguian adelante: pobres ingenuos, morían solos, viejísimos, empuñando el volante de una camioneta, perdidos entre desiertos inconmensurables. Otros alcanzaban a darse cuenta de lo que sucedía y emprendían la vuelta, pero nunca llegaban al lugar de donde habían salido. Se resignaban. Empezaban una vida nueva en un lugar exótico, donde se hablaban lenguas extrañas y las costumbres eran otras. Dicen que un grupo en particular encontró la ciudad perdida de los incas y no quiso volver. Eso yo no lo sé. Sí sé que el manicomnio nunca se construyó y que, aún ahora, hay mujeres que hacen cola a la salida de la casa de gobierno exigiéndole a Macri que aparezcan con vida sus maridos. Las miro con lástima. Si supieran que hace años, siglos, sus maridos están enterrados y que ahora sus bisnietos son hombres adultos. No lo entenderían. Los porteñitos nunca entenderán Floresta.

Yo estaba adormecida en mi realidad, confundida entre charlas de vecinos y algunos piropos de los pibes de la cuadra, que tomaban cerveza en la esquina y competían para ver quién le decía la frase más insultante a la transeúnte más tímida. No me di cuenta de que estaba cambiando, de que algo raro pasaba, hasta que me vino a visitar Juan. Llevábamos meses preparando, por carta, la visita. La primer señal de alarma fue que no nos entendiamos para coordinarnos. "¿Qué colectivo me tengo que tomar?" insistía, y yo no tenía modo de entender por qué hablaba de un solo colectivo mientras le repetía las indicaciones de que trenes esperar y cuántos días, donde combinar para no terminar en Humahuaca o El Chaltén, como esquivar a los lobos del bosque y a las hidras que, se decía, esperaban a los porteñitos en las esquinas oscuras. Pero de algun modo logramos combinar para vernos y cuando llegó sentí cómo se me aflojaba el alma. No estaba cansado, estaba viejo: algunas canas le brillaban en la barba y tenía los ojos llenos de recuerdos, monstruos, cansancio por la travesía. Después de ofrecerle una manta de lana que había tejido mientras lo esperaba salí a acogotar una gallina para ofrecersela en la cena, y cuando volví se había tendido en el piso, agotado. No sé qué vivió en su viaje. Hay hombres hechos para las aventuras, que pueden acostarse con Calipso y engañar al Cíclope, para volver a reinar entre sus hombres. Juan no. Lo que vio, lo que le hicieron, lo que tuvo que hacer, para llegar hasta mi casa y saludarme, solo él lo sabe y espero que lo olvide pronto. Yo no olvidaré nunca la mirada que me dio cuando llegué a la estación a saludarlo. Era la mirada de un hombre que lo ha vivido todo. Desde ese momento, supe que tenía que escapar del barrio, como hiciera falta. Junté todas mis cosas en cajas y bolsas y una noche lluviosa, me fui para siempre.

Ahora me río de estas historias. Cuando me preguntan cómo era vivir en Floresta hablo de mi vecina, la que gritaba mucho, o del chino de mi barrio, que me regaló una botella de vino una vez cuando le dije que era de Mendoza. En el fondo, creo que no quiero contar la verdad. Creo que aún no termino de entender qué fue lo que me pasó en Floresta. Será por eso que jamas avanzo mucho cuando voy a Caballito, que me resisto a caminar siquiera unas cuadras más allá de Avenida Carabobo, que miro con terror a los colectivos que se internan por Av. Rivadavia hacia el oeste, atravesando el Leteo. Recordar es imposible.

Cada tanto, la florestina que tengo dentro me llama. Es a la mañana, cuando corro a tomarme el subte que viene siempre a la misma hora, cargado con gente que es siempre la misma. O a la noche, cuando vuelvo de la facultad a la misma hora y descubro con pasmo cuando llego a mi casa que el mundo es el mismo que el que era a la tarde. Cuando veo que pasan semanas y semanas y nadie se casa, nadie muere, nadie nace, todos seguimos igual, esperando algo que no va a pasar. Ahí me agarran las ganas de tomarme el tren Sarmiento de nuevo e ir a enamorarme de las sirenas, a hacerme pasar por hombre y casarme con la hija del rey, a jugar a la pelota con cerbero. Pero me contengo porque al otro día tengo que ir al estudio, vence un pago y mi jefe está un poco nervioso.

¿Y si agarro...

10 mayo 2011

... cuelgo todo, y me inscribo para las becas de la U de Madrid el año que viene?

(si hay algún otro de la uba interesado, tengo las bases en mi mail, y este es todo el motivo para postearlo)



---

Entre otras cosas, piden una carta con breve exposición de las razones de la solicitud.

Voy a decir algo como esto:
Quiero aprender a dominar la z y ese acento un poco erótico que tienen ustedes. Además, todavía quiero pedirle el número de teléfono a esa azafata de Iberia que conocí una vez, la que se parece a 13 de House, pero un poco más rechonchita. ¿Ustedes la conocen por casualidad? Ah, y quiero ver si el gazpacho es tan feo como suena.

Adolescentes

06 mayo 2011

El 15 de mayo de 1976 apareció flotando en las costas uruguayas el cuerpo de Floreal Avellaneda, junto con otros quince cadáveres que mostraban signos de tortura. Floreal tenía cicatrices en todo el cuerpo, una fuerte herida sin tratar en una pierna (después se supo que era la mordedura de un perro) y fuertes lesiones anales. Tenía 14 años.

14 años tenía también Konerak Sinthasomphone el 27 de mayo de 1991, día en que lo encontraron dos chicas de 18 años, caminando desnudo por la calle, sangrando por el ano, y con apariencia de estar confundido. Detrás de él, un hombre rubio de 30 años intentaba llevárselo. Las chicas llamaron al 911. Llegó una ambulancia que lo atendió y poco después, la policía.

Vengo de una breve discusión con una compañera que afirma que aquellos que defendemos los derechos de los homosexuales, por ejemplo, no deberíamos criticar a aquel que piensa distinto o intentar cambiar su opinión. Lamentablemente ni el tiempo ni el lugar nos permitieron profundizar en alguna idea, pero al menos llegamos a las siguientes conclusiones:


En primer lugar, que sí tenemos derecho a expresar nuestra opinión, incluso cuando esta se diga con el propósito manifiesto de cambiar el pensamiento de otro. Lo que mi compañera criticaría, entonces, sería de orden moral y no civil. Nada nos impide hacerlo, pero moralmente sería incorrecto.
En segundo lugar, que la misma objeción podría hacérsele a los que critican al racismo, a la xenofobia, la misoginia o el totalitarismo político, por lo que no tiene sentido recortar la objeción para que se aplique, solamente, a los grupos pro-igualdad LGTB.

A Floreal lo secuestró un grupo de tareas - civiles - que respondía al ejército nacional, en un operativo que buscaba detener a su padre, un militante comunista. Al no encontrarlo, se llevaron a Florear y a su madre. La primera noche los torturaron juntos, y más tarde fueron separados e incomunicados. La madre no volvería a saber de él hasta su liberación.

A Konerak lo había secuestrado Jeffrey Dahmer, el archifamoso asesino serial / caníbal /necrófilo. Tras conocer al chico a la salida de un bar homosexual, lo había invitado a su casa. Una vez allí, le pudo drogas en una bebida y abusó de él. El chico escapó en un momento de descuido de Dahmer, pero estaba tan narcotizado que no podía expresar emociones ni proferir palabras.
Dahmer se identificó con un documento con la policía y dijo ser el novio de Konerak, afirmando que tenía 19 años, que estaba alcoholizado y que habían discutido. Las dos chicas afirmaron que mentía y que habían visto al muchacho escapando de él, pero la policía optó por creerle a Dahmer. Acompañaron a la "pareja" al departamento de Dahmer y se fueron.

Con mi compañera no logramos ponernos de acuerdo en este último punto: según ella, mientras esas personas no rompan la ley, tienen derecho a pensar como quieran. No se le puede pedir a nadie que deje de tener opiniones, por más irrazonables que estas parezcan. Yo, por mi lado, sostengo que las personas tienen el deber de tener opiniones razonables (y racionales) y que está en falta aquel que no las cumpla. Eso habilitaría al resto a poder ejercer su derecho de libre expresión con el objetivo expreso de educar a aquel que, por una opinión poco fundamentada, siente que determinados grupos humanos son superiores a otros. A primera vista, lo cierto es que la postura de mi compañera parece ser mucho más democrática y humilde que la mía. Parece completamente arrogante suponer, no solamente que tenemos razón, sino que podemos "mostrarle" esa razón a otros. Pero lo que creo es que hay algunas opiniones que de por sí pueden dañar a otros, independientemente de que no se rompa ninguna ley en el proceso - como espero que lo muestre el caso de Konerak.

Floreal militaba en el Partido Comunista, como su padre, aunque sus tareas se restringían a repartir papeles por el barrio y asistir a algunas reuniones. A pesar de su baja jerarquía, en Campo de Mayo lo torturaron salvajemente, incluido empalamiento por el ano. Finalmente, lo ataron de pies y manos con alambre, lo subieron a un avión y lo tiraron al vacío...

Cuando Dahmer se quedó sólo con Konerak, lo estranguló y luego hizo su festín habitual con el cadáver, que incluía necrofilia, canibalismo y taxidermia. Las chicas, no satisfechas con lo que había hecho la policía, llamaron varias veces para preguntar por "el chico" narcotizado. En una de esas conversaciones, la persona que las atendió les dijo que no era un chico, sino un hombre, y que la policía no podía meterse en los problemas domésticos de una pareja homosexual. Cuando la familia de Konerak se contactó con la policía para denunciar su desaparición, y se difundió su foto, las chicas volvieron a contactarse con la policía, que omitió el dato por considerar que se hablaba de personas distintas. A Dahmer no lo atraparían hasta mucho tiempo después.

Hablé de creencias razonables e irrazonables sin definirlas, porque me tomaría mucho tiempo. Pero me alcanza con estas dos historias para mostrar un punto bastante obvio. Floreal y Konerak tenían 14 años, independientemente de sus estilos de vida, ideologías, creencias y comportamientos.

Los civiles del grupo de tareas, los militares que estaban a cargo de Campo de Mayo y demás personas que trabajan allí, no vieron a un chico de 14 años. Vieron a un militante comunista. Del mismo modo, la policía y los médicos que atendieron a Konerak no vieron a un adolescente drogado. Vieron a un homosexual que llevaba una vida de alto riesgo.

Una creencia irrazonable vendría a ser, entonces, toda aquella que logra que nuestros preconceptos moldeen la visión de la realidad al punto de desdibujarla por completo.

A ver, dejemos algo en claro: Floreal era comunista y Konerak era homosexual. Floreal repartía folletos y Konerak conocía hombres en bares. Pero los policías y militares a cargo de ambos vieron, en un caso, a una persona peligrosa que conspiraba contra el estado y probablemente matara gente a bombazos, y en el otro a un adulto acostumbrado al alcohol y a las drogas para el que era algo relativamente común pasearse desnudo y sangrante por la calle. Tampoco pensaron que en un caso, al tema debería resolverlo la ley y, en el segundo, sus familiares, por más obvio que pareciera.

Una creencia razonable sería toda aquella que nos lleva a ver, en un adolescente, a un adolescente. Mi punto es, que con ejemplos de este calibre, creo que se muestra claramente por qué sí tenemos derecho a educar a todo aquel cuya religión, ideología o prejuicios lo hacen ver cualquier otra cosa.

Gramática

03 mayo 2011

Profesor Vazeilles,

La gramática llamó. Me dijo que desearía, por el bien de todos sus alumnos, que ustedes dos se reconcilien de una buena vez.
Sírvase prestarle atención.
Atte,

Malena Rey.

---

(...)
Cuando el territorio de un comarca o un país es preponderantemente un "damero" de tales feudos y esa preponderancia es una condición necesaria de la otra acepción de la palabra feudal, constituida por las relaciones interseñoriales entre los titulares de los feudos, sea el nivel superior u ducado, un marquesado (de donde viene la palabra comarca, o sea el conjunto de feudos que deben vasallaje y subordinación a un marqués), un principado o un reino.

(...)

La contradicción tras la paradoja se agudizó con la alternativa de la ruta al oriente por la vía combinada del Báltico y del Volga y el comercio con los reinos musulmanes como intermediarios, la reconquista por los europeos al sur de España y de puntos importantes en el Mediterráneo occidental, la expansión por la costa africana e islas atlánticas (aun sin contar con la conquista de América y sus efectos sobre Europa occidental) ya el feudalismo estático de los tiempos carolingios estaba alterado por los avances mercantiles.

(....)

José Gabriel Vazeilles - Imperios e Ideologías.

--

No estoy haciendo trampa. Los dos párrafos son párrafos aislados, que no se conectan gramaticamente con lo que viene antes o después. Y si me quedo pensando cómo corregir esos barbarismos, realmente no me puedo concentrar en que el dispendio de plata americana aceleró la decandencia de la ya decadente nobleza española o en que el feudalismo convivió en una mixtura de clases y castas ni nada más.

:(


Hoax!

19 abril 2011

El fmsaoo creroo ecnrctleoio que cteonma un eiudtso que drutsemea que el cbeero pdeue...


... entender cualquier palabra cuyas letras están desordenadas, siempre que se mantengan la primera y la última en su lugar, me resulta decididamente falso, o, por lo menos, exagerado.
Si ese fuese el caso, tendríamos muchísimos problemas a la hora de leer palabras comunes con anagramas simples. Por ejemplo, moldeo y modelo, o desodorantes y detonadores.


Nada, eso. Dejen de enviarlo sin reflexionar un poco.

---
(*) El famoso correo electrónico que comenta un estudio que demuestra que el cerebro puede...

Cita

29 marzo 2011

Si creyéramos en Dios, las metafísicas contemporáneas serían mucho más sencillas.

---


Avanzaron para mirar las jirafas de la jaula vecina.
- Los animales salvajes -continuó el conde- que corren por tierras salvajes no existen realmente, Éste existe, le hemos dado un nombre, sabemos cómo es. Los otros pueden no haber existido; sin embargo, son la inmensa mayoría. La naturaleza es extravagante.
El empresario se echó hacia atrás el gorro forrado de piel, debajo del cual no había ya ni un cabello.
- Se ven mutuamente -dijo.
- Hasta eso se puede discutir - dijo el conde después de una corta pausa -. Estas jirafas, por ejemplo, tienen manchas cuadradas en la piel. Las jirafas, mirándose entre sí, no saben lo que es un cuadrado y, en consecuencia, no lo ven. ¿Se puede decir de ellas que se ven unas a otras?
El empresario miró un momento a la jirafa y luego dijo:
- Dios las ve.

Isak Dinesen - Memorias de África

Oh no

24 marzo 2011

¡Uy, cierto que yo tenía un blog!

Cortázar

27 febrero 2011

Ya sé que desde el momento en que diga lo que inevitablemente voy a decir, perderé una significativa cantidad de lectores. Y aquellos valientes que se queden y sigan leyendo, probablemente se ofendan y me manden esos mails larguísimos que siempre mandan ustedes cuando digo barbaridades. Sin embargo, es inevitable decirlo: Cortázar no me gusta. Y los lectores de Cortázar me gustan muchísimo menos.


Y sin embargo, no les estaría diciendo la verdad, porque lo cierto es que disfruto muchísimo cada vez que releo Bestiario o Cronopios o Todos los Fuegos. Cortázar fue, para mí y para muchísimos otros, el primer paso hacia la "literatura" de verdad y, en más de un sentido, resulta ser todo un padre intelectual para la mayoría de los argentinos. Descubrir en qué reside esta dualidad será, entonces, el objetivo de este post.

Podría empezar, entonces, señalando qué cosas me molestan particularmente de Cortázar. No serán, por supuesto, factores literarios. No considero que Cortázar sea un genio literario en el sentido clásico, pero es un buen escritor, e incluso un gran escritor. Mi problema no es con sus libros sino con él, que lamentablemente a veces decide participar de su obra y erigirse como protagonista absoluto - este post podría llamarse, entonces, Cortázar y la Dictadura del Narrador.

Por ejemplo, en Rayuela, cuando Oliveira habla de que Armstrong irá a Buenos Aires y critica a todos los porteños que irán a ver esos "refritos" sintiéndose en el primer mundo. Es que, claro, Armstrong es bueno mientras toque en París. Todos los pequeños mortales que no viven en París (y no en cualquier lugar de París; en una buhardilla de París, sueño de todos los adolescentes latinoamericanos desde los comienzos del boom, y permitaseme agregar, sueño bastante imposible ya que todos los que queríamos vivir allí todavía no sabíamos lo que era una buhardilla y, francamente, tampoco nos importaba) todos esos mortales, digo, tendrán que conformarse con ser siempre seres pequeños, sanguijuelas de Europa, a pesar de tener los mismos gustos que Cortázar o, qué se yo, haber leído antes que él a Virginia Woolf. No importa: Estamos condenados a la pequeñez porque una vez que alguien decidió ir a Buenos Aires se empequeñece también. A Cortázar ya no le puede gustar Armstrong; deberá buscar otro jazzero, menos famoso, que no toque en lugares tan comunes y desastrosos.

Sí, Cortázar fue uno de los primeros hipsters. A lo largo de toda Rayuela leeremos, más o menos velada, la frase "a mí me gustaba X antes de que se hiciera famoso". El tufo del cuerpo de los demás, los no-iniciados, basta para arruinar al músico o al escritor más talentoso. Será por eso que Cortázar vive en una buhardilla: desde allí arriba no puede oler a la pobre humanidad.

Será por eso que el lector eterno de Cortázar es el adolescente o posadolescente inmaduro. Cortázar, como el socialismo ingenuo, parece no resistir la edad adulta. Y no porque sea un puro, a la manera de los personajes de Sábato o de Camus; es porque cuando la gente madura, se le ríe en la cara a pendejos como Oliveira. Esos pendejos que necesitan mostrar con la ropa que se ponen y el modo en que hablan los gustos que tienen, como si eso los definiera como personas; esos socialistas de salón, que hablan muy bien de la revolución cubana mientras se ajustan la camisa - italiana o francesa - y fuman los habanos que cientos de campesinos cosecharon por unas pocas monedas. Esos tipos que apenas te conocen te preguntan por tu banda favorita y dan una mirada irónica cuando respondés algo que tenga más de 3000 fans. Esos tipos que usan la tipografía Helvetica (más cool que Arial) en su tumblr (más cool que blogger) para poner mensajes poéticos en las fotos que sacan con una cámara digital que se asemeja extrañamente a una Lomo (de más está decir, mil veces más cool que una Sony CiberShot).

Y aquí empiezo a dudar: ¿por qué odio a Cortázar si en realidad lo que estoy criticando es a sus lectores?

Y creo que es porque considero que Cortázar es responsable por sus lectores; es Cortázar el que llena página tras página de música que hay que escuchar, libros que hay que leer, opiniones que hay que tener para ascender al Cielo de La Gente Copada. Y, como el huevo o la gallina, ya no sé qué viene primero: no sé si esos adolescentes insoportables vinieron primero y descubrieron a Cortázar como "uno de ellos" o, lo más aterrador, si Cortázar contribuyó a arruinar generación tras generación de jóvenes lectores argentinos, que a partir de ese momento sólo podrán hablar de jazz pre cincuentas y de literatura experimental del siglo XX.


Morelli había pensado una lista de acknowledgments que nunca llegó a incorporar a su obra publicada. Dejó varios nombres: Jelly Roll Morton, Robert Musil, Dasetz Teitaro Suzuki, Raymond Roussel, Kurt Schwitters, Vieira da Silva, Akutagawa, Anton Webern, Greta Garbo, José Lezama Lima, Buñuel, Louis Armstrong, Borges, Michaux, Dino Buzzati, Max Ernst, Pevsner, Gilgamesh (?), Garcilaso, Arcimboldo, René Clair, Piero di Cosimo, Wallace Stevens, Izak Dinesen. Los nombres de Rimbaud, Picasso, Chaplin, Alban Berg y otros habían sido tachados con un trazo muy fino, como si fueran demasiado obvios para citarlos.

¡A la perinola! Yo considero que sé bastante de cultura general y del mundo, y sin embargo varios de estos nombres me son desconocidos o me suenan apenas. Imagínense a los 13 años; alo más, habré podido reconocer a Borges, Chaplin, Picasso y Garbo.
¿Cortázar es tan copado que realmente estos nombres le parecen obvios? ¡En absoluto! (Y aquí lo juzgo como si fuese un conocido de toda la vida, pero es que realmente siento que lo es). Cortázar sabe que nadie conoce esos nombres. Son la clave secreta, el misterio a develar para vivir en París y pertenecer a la Cofradía de la Buhardilla. Y para mí y muchos otros, no importaba disfrutarlos o no, sino conocer sus nombres; hablar de ellos omitiendo el hecho de haberlos leído en Rayuela y fingir que los conocíamos antes que Cortázar nos dijera que eran un must. (así, en inglés; los cortazarianos intercalamos palabritas en francés y en inglés sólo para demostrar que los hablamos, aunque, si me preguntan a mí, nada tiene de elegante que tus padres a los 10 años te mandaran al instituto a aprender inglés).

Así que allí estamos, los Iniciados. En pocos años viajaremos a París, a morir de hambre mientras nos negamos a trabajar en cualquier empresa que vaya en contra de lo que consideramos adecuado (es decir, no tendremos ningún trabajo). Pero no podremos resistir gastar los últimos francos (lástima que ahora hay euros, compartidos por polacos y portugueses) en libros y discos, a pesar de que tengamos que pasar hambre por una semana. Miraremos el mundo como a través de un cristal, viendo pasar a toda la gente común, pobres infelices, famas, sin ninguna duda, que nacen, se reproducen y mueren y no hacen nada más, porque no tienen nuestra sensibilidad para poder ver el mundo... pero, a la vez, ¡que no daríamos por ser amigo de esa gente común! (¡No, no, no! ¡Imposible! ¡No caigas nunca en la tentación de la normalidad! ¡Sos de la Cofradía ahora! ¡Condenado a la soledad, alejado de resto de los mortales, pero con la certeza de ser mejor, mejor, mejor, mejor que todos ellos!) Nos enamoraremos de alguien bien bruto, como la Maga (pobre, realmente le falla el cerebro) pero aún así especial, inocente. ¡Ah! ¡Cómo sufriremos! ¡Nadie que nos comprenda, enamorados fatalmente de un ser "puro", que jamás será tan inteligente como nosotros ni nos comprenderá! ¡Como desearemos pertenecer a su mundo! Pero no, imposible: estamos vedados de la felicidad de la ignorancia. Somos los Iniciados. Sólo podremos sufrir en nuestra infinita soledad y comentarle a nuestros diez o doce amigos lo Solos que Estamos.

Y Cortázar allá arriba, dirigiendo la batuta, sabiéndose escuchado, admirado, alabado, el conductor de masas para todos aquellos jóvenes sensibles. Rayuela nos machaca a cada rato con la libertad del lector, y yo me pregunto, ¿desde cuándo el lector no es libre? Todos nosotros hemos leído libros en el orden que hemos querido, particularmente en la infancia. Todos nosotros decidimos qué queremos de un libro y cómo lo queremos, y esa es una de las mayores ventajas que tiene la literatura sobre el cine: somos completamente libres frente a un libro. Podemos darlo vuelta, volver atrás, saltear, leer el final para después ir al inicio, dejarlo inconcluso y volver meses después.
¿Cortázar no sabe esto? ¿Cómo puede no saberlo?
Y sin embargo, necesita decirnos que con Rayuela nos ha liberado. ¡Pero qué risa! Un tipo nos da dos formas de leer una novela, dos formas prefijadas, estables e inmutables, y nos dice que nos ha liberado del yugo de la literatura. ¡Qué esperanza, Julito! Frente a Rayuela no somos libres: somos presos de Cortázar.

Y Cortázar no nos quiere liberar. Está ahí, omnipresente, en la mayoría de sus obras. A la manera de Vuctor Hugo, se convierte en el auténtico protagonista. Cortázar no deja que nos olvidemos que sus libros son ficciones y que él es el dueño de esas ficciones. De ahí viene, con tanta fuerza, el estereotipo cortazariano, que alcanza su mayor esplendor en Historias de Cronopios y de Famas. Por un lado, Yo, nosotros. Por el otro, las famas.
No exageré al llamar a Cortázar dictador, porque la estrategia de escritura es prácticamente política. Ellos contra nosotros. Es literatura schmittiana: Cortázar logra tener un público caricaturizando a los demás escritores, al resto del mundo, y poniéndose como la única opción que puede satisfacer los deseos de Nosotros. Si no somos amigos de la Maga y Oliveira, entonces nos veremos reducidos a esos borrosos personajes de Rayuela, que ni siquiera tienen nombre y si lo tienen entonces lo olvidé, porque, ¿para qué recordarlos? Si no se es un Cronopio, entonces se es una Esperanza o, dios lo impida, una Fama - y no hay nada en el medio que podamos ser, no hay escapatoria a esta dinsyuntiva vital.
Y Cortázar es, como todo el mundo sabe, el Grandísimo Cronopio. Nuestro líder, el que nos da nuestra identidad absoluta. El que nos dicta desde sus libros qué personalidad debemos tener, qué música debemos escuchar, qué opiniones tenemos que sostener y en dónde vivir.





Y sin embargo...

Hay algo más en Cortázar. Eso que se encuentra en Bestiario, en Axolotl. Quizá lo podamos decir así: Cortazar no fue cortazariano. Eso es impresionante, y tendemos a olvidarlo. Cortazar fue el primero en hacer tantas cosas que ahora son moneda corriente, y que ya no nos impresionan por conocerlas de memoria. Pero fue el primero.

Tal vez haya tres etapas en la lectura de Cortázar. La primera, será el cortazarianismo ingenuo que caricaturicé - obviamente, me duele tener que aclararlo, exageré durante todo el post.
La segunda será la mía: la crítica mordaz, el total rechazo de todo lo que apeste a París y buhardillas.
Por supuesto que después de ellas vendrá la síntesis, y quizá pueda entender por qué un milagro de la literatura como Casa Tomada puede haber sido escrita por el mismo que hizo Rayuela. O mejor: tal vez pueda volver a encontrar qué tenía Rayuela que me fascinó en el primer momento, despojándola de la total ingenuidad de los personajes, la irrealidad de todos sus estereotipos, del snobismo que la impregna, y recordar que Cortázar fue uno de los primeros que se animó a decirnos que la literatura puede ser un juego, que la Cultura puede ser un juego de niños o un partido de fútbol, que el arte congelado en los museos está muerto para siempre y que el único modo de ser un verdadero artista es llevar el arte a cuestas.

---

Tengo la leve impresión de que esta entrada no tiene el más mínimo sentido, pero se me hizo larga y no tengo ningún deseo de volver sobre ella y corregirla. Perdón por todos los errores que encuentren, tanto los de tipeo y los de gramática como los de estructura.