Cosmogonia

01 junio 2011

Antes de que fueran los hombres, antes de que fueran los dioses y el mundo y el cielo y la tierra, existía, para los griegos, Kaos. ¿Qué es Caos? No es la nada, ni es el vacío tal como lo entendemos nosotros. Caos no es lo contenido en un recipiente vacío, ni es él mismo el recipiente. Caos es el vértigo, la ausencia de sentido, la bruma, el desconcierto. No tiene límites, porque éstos lo definirían. Caos no tiene un horizonte de eventos: es el puro ser, ser sin determinación, ser que no es absoluto porque no es nada más allá de sí mismo. Caos es el Abismo, pero todo abismo es también - como lo llaman algunos mitólogos - una Abertura.

Del seno mismo de Caos nació Gea, la tierra. Surge de la Abertura y se ubica sobre ella. Como Caos es él mismo pura indeterminación, pura falta de sentido, sólo puede nacer de él lo que es su perfecto opuesto. El piso del mundo. Gea tiene una forma nítida y precisa. A la confusión de Caos se opone la estabilidad de Gea. [*]

Quiero que nos detengamos en esto un instante, porque los mitólogos no lo hacen. De Caos sólo puede haber sido engendrada Gea. No hay otra opción, ni lógica ni empírica. Nosotros, pobres mortales, con nuestras pobres palabras, sólo podemos definir a Caos como una carencia de, (de lo que sea), porque somos hijos de los hijos de Gea y de ella hemos sacado nuestro ser y nuestras palabras. Pero Caos es más grande que Gea, infinitamente más vasto, porque todo lo que no es sentido, orden, piso, lenguaje, es Caos.
Y Caos, al igual que Gea, tiene potencia creadora. Caos está en constante ebullición, moviéndose siempre sobre sí, engendrándose siempre a sí mismo. Pero todo lo que Caos crea que no es Gea, que no es sentido ni piso, vuelve a ser siempre Caos.

Nacida del Caos, Gea está sobre él. En sus profundidades, a las que ningún hombre fue nunca, todavía se revuelven confusos sus límites con la Abertura. Es lo que los griegos llamaron la Tierra Negra, la tierra fértil de donde saldría todo lo demás. Y es que Caos es la pura potencia de ser, lo que aún no es algo definido, y Gea es puro acto, lo que es en sí mismo. De la unión de ambos, de la potencia que puede ser acto, es que puede salir todo lo demás.
De sus profundidades, Gea engendrará al mundo, porque es la madre universal. Y así como Caos sólo puede engendrarse a sí mismo o a su perfecto opuesto, también así Gea comenzará por dar todo lo que ella misma no es: Urano, el Cielo, y Ponto, el Agua, el agua primigenia universal. Y en este engendrarse, ambos se dan como su complemento y su opuesto. Urano, como el manto del cielo, cubre toda la extensión de Gea. Gea es el piso y Urano es el techo, el arriba y el abajo, y nada puede ser más allá del resquicio entre ambos. Ponto, por otro lado, es el reino de lo fluido, lo informe, lo inaprensible, frente a lo sólido, compacto y estable que es Gea. Ambos la complementan y, en el darle sentido a su forma, alcanzan su propio ser.

Gea y Urano están tendidos uno sobre otra. El arriba y el abajo, el macho y la hembra, están íntimamente unidos. Cada resquicio de Urano está en contacto con la correspondiente porción de Gea, y de esta unión puede salir, por primera vez, algo que no es lo opuesto a uno sino que es es distinto de ambos.
El Urano primordial no tiene otra ocupación más que el unirse con Gea. Al comienzo sólo son ellos dos, acoplados en el otro en una unión eterna. Pero Gea, madre primordial, siente en su seno a los hijos de ambos, que no pueden salir de ella - porque no hay un algo más adónde salir que no sea la unión eterna entre los dos.
Estos hijos son los seis Titanes y sus hermanas; el más joven de todos ellos es el famoso Cronos. Aparte de los Titanes, existen dos tríos: los Cíclopes - Brintes, Estéropes y Arges - y los Hecatonquiros, los Cien Brazos - Coto, Briareo y Gies. Los Cíclopes tienen el poder de la vista, la luz y el rayo, que luego ofrecerán a Zeus. Los Cien Brazos son la pura fuerza bruta.
Sintiendo la vida revolverse dentro de ella, Gea se enfurece y se inflama. Pide a sus hijos que la ayuden a desprenderse del abrazo de Urano: sólo uno de ellos, Cronos, acepta el reto. Gea hace crecer en sí misma - recordemos que no hay todavía un afuera - una hoz. Desde el vientre de su madre, Cronos toma el miembro viril de Urano con la mano izquierda y lo corta con la hoz que sostiene en la diestra.

En ese momento suceden muchas cosas a la vez.

Prestemos atención a los nombres, que ellos siempre nos darán la clave oculta del mito. Hasta ese momento no hay, propiamente, ningún momento. De Caos surge Gea y de Gea, Urano y Ponto, como un movimiento lógico, analítico, imposible de medir en términos temporales. No hay mundo que se mueva y en ese movimiento engendre el tiempo. No hay eventos, ni un antes y un después. Caos fue primero, no en un sentido cronológico sino conceptual. Este desdoblarse de Caos y de Gea no se produce en el mundo sino que es él mismo el origen del mundo. [**] El mundo nace propiamente del crimen de Cronos.

Inmediatamente Urano aúlla de dolor y se separa de Gea, liberando el espacio entre el cielo y la tierra en donde, a partir de ese momento, diremos que es el mundo. Allí sale por primera vez Cronos, y en el hacerse del mundo, en el abrirse del espacio en donde Cronos se mueve, allí por primera vez hay Tiempo (que no es más que el nombre de Cronos). Espacio y tiempo se configuran como las dos variables interdependientes cuyo entrecruzamiento permite la experiencia. [***] Sólo en ese ser entretejido podemos decir que hay vida y movimiento como los entendemos nosotros: entre el cielo y la tierra como nuestros horizontes, entre el espacio y el tiempo como nuestros moldes.

En ese primer momento, en el primer movimiento que hace el tiempo recién nacido, Urano se recluye para siempre en las alturas. Desde ese momento, sólo volverá a unirse con Gea a través de las lluvias bienhechoras, que fertilizarán la tierra y permitirán que crezca la vida.
Cronos arroja sobre su hombro el miembro de su padre, que manchará de sangre la tierra y caerá, subierto de esperma, al mar. De la sangre de Urano nacerán las Erinias, aquellas que castigan los crímenes familiares, y representan el recuerdo y la venganza; los Gigantes, personificación de la violencia del guerrero; y finalmente, las Melíades, las ninfas de los fresnos, el árbol con el que se fabrican las astas de la lanza del luchador. De la sangre de Urano sobre el mundo nace la violencia, la guerra, el odio y la discordia: Éride. [****]
Por otro lado, la espuma del mar se mezcla con el esperma de Urano. El miembro de Urano flotará así por Ponto hasta la isla de Chipre, dejando caer en el mar toda su potencia creadora. De esta espuma nacerá Afrodita, seguida por Eros e Himeneo, Amor y Deseo, que algunos llaman sus hijos.
Estos son los nacidos, todos a la vez, del crimen de Cronos. La Discordia, la separación entre lo que debería estar unido, y el Amor, la unión entre lo que es opuesto y hasta ese momento estaba separado. En este primer lapso de tiempo, en un brevisimo instante, Cronos ha instaurado el escenario - el mundo -, los personajes - él mismo y sus hermanos - y todos los conflictos que nacerán de sus acciones - las pasiones, buenas y malas, los sentimientos, la lucha, el amor, el sucederse de las generaciones. En una palabra, es en este momento donde comienza para todos los griegos la Historia.

Dejamos de lado la Cosmogonía griega, porque el telón se ha levantado sobre un mundo ya constituido en donde es posible la acción dramática. Ya no hay un prepararse, un hacerse, un nacer. El Cosmos, lo ordenado, acaba de crearse. De ahora en más, vendrá la lucha por su soberanía.

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[*] A quien leyó a Hegel, o a algún neoplatónico, le será bastante más sencillo comprender esto, supongo. Yo no tengo modo de explicarlo mejor, aunque sé que no está claro.
[**] Por eso el Génesis judeocristiano es, a mi parecer, erróneo. No hay, propiamente, "primer día" de la creación hasta que no están separados Cielo y Tierra. En la creación de ambos es cuando se crea tambien, a consecuencia de ambos, el tiempo, y con él, el primer día.
[***] Por supuesto, esto es Kant.
[****] Volveremos a cruzarnos con ambas después. Éride, la Discordia, será la que arroje en el banquete del matrimonio de Tetis y Peleo la famosa manzana de oro que tendrá como consecuencia el rapto de Helena y la guerra de Troya. Creo que es una historia demasiado conocida como para contarla aquí. Por otro lado, las Erinias serán las que persigan a Orestes para expiar el crimen que cometió al matar a su madre, Clitemnestra, que a su vez había asesinado a Agamenón. En su intento por defenderse de aquellas, Orestes implora a Atenea, ocasión que inaugura el primer juicio de la historia y la creación- mítica, por supuesto - de la ciudad de Atenas.