El 15 de mayo de 1976 apareció flotando en las costas uruguayas el cuerpo de Floreal Avellaneda, junto con otros quince cadáveres que mostraban signos de tortura. Floreal tenía cicatrices en todo el cuerpo, una fuerte herida sin tratar en una pierna (después se supo que era la mordedura de un perro) y fuertes lesiones anales. Tenía 14 años.
14 años tenía también Konerak Sinthasomphone el 27 de mayo de 1991, día en que lo encontraron dos chicas de 18 años, caminando desnudo por la calle, sangrando por el ano, y con apariencia de estar confundido. Detrás de él, un hombre rubio de 30 años intentaba llevárselo. Las chicas llamaron al 911. Llegó una ambulancia que lo atendió y poco después, la policía.
Vengo de una breve discusión con una compañera que afirma que aquellos que defendemos los derechos de los homosexuales, por ejemplo, no deberíamos criticar a aquel que piensa distinto o intentar cambiar su opinión. Lamentablemente ni el tiempo ni el lugar nos permitieron profundizar en alguna idea, pero al menos llegamos a las siguientes conclusiones:
14 años tenía también Konerak Sinthasomphone el 27 de mayo de 1991, día en que lo encontraron dos chicas de 18 años, caminando desnudo por la calle, sangrando por el ano, y con apariencia de estar confundido. Detrás de él, un hombre rubio de 30 años intentaba llevárselo. Las chicas llamaron al 911. Llegó una ambulancia que lo atendió y poco después, la policía.
Vengo de una breve discusión con una compañera que afirma que aquellos que defendemos los derechos de los homosexuales, por ejemplo, no deberíamos criticar a aquel que piensa distinto o intentar cambiar su opinión. Lamentablemente ni el tiempo ni el lugar nos permitieron profundizar en alguna idea, pero al menos llegamos a las siguientes conclusiones:
En primer lugar, que sí tenemos derecho a expresar nuestra opinión, incluso cuando esta se diga con el propósito manifiesto de cambiar el pensamiento de otro. Lo que mi compañera criticaría, entonces, sería de orden moral y no civil. Nada nos impide hacerlo, pero moralmente sería incorrecto.
En segundo lugar, que la misma objeción podría hacérsele a los que critican al racismo, a la xenofobia, la misoginia o el totalitarismo político, por lo que no tiene sentido recortar la objeción para que se aplique, solamente, a los grupos pro-igualdad LGTB.A Floreal lo secuestró un grupo de tareas - civiles - que respondía al ejército nacional, en un operativo que buscaba detener a su padre, un militante comunista. Al no encontrarlo, se llevaron a Florear y a su madre. La primera noche los torturaron juntos, y más tarde fueron separados e incomunicados. La madre no volvería a saber de él hasta su liberación.
A Konerak lo había secuestrado Jeffrey Dahmer, el archifamoso asesino serial / caníbal /necrófilo. Tras conocer al chico a la salida de un bar homosexual, lo había invitado a su casa. Una vez allí, le pudo drogas en una bebida y abusó de él. El chico escapó en un momento de descuido de Dahmer, pero estaba tan narcotizado que no podía expresar emociones ni proferir palabras.
Dahmer se identificó con un documento con la policía y dijo ser el novio de Konerak, afirmando que tenía 19 años, que estaba alcoholizado y que habían discutido. Las dos chicas afirmaron que mentía y que habían visto al muchacho escapando de él, pero la policía optó por creerle a Dahmer. Acompañaron a la "pareja" al departamento de Dahmer y se fueron.Con mi compañera no logramos ponernos de acuerdo en este último punto: según ella, mientras esas personas no rompan la ley, tienen derecho a pensar como quieran. No se le puede pedir a nadie que deje de tener opiniones, por más irrazonables que estas parezcan. Yo, por mi lado, sostengo que las personas tienen el deber de tener opiniones razonables (y racionales) y que está en falta aquel que no las cumpla. Eso habilitaría al resto a poder ejercer su derecho de libre expresión con el objetivo expreso de educar a aquel que, por una opinión poco fundamentada, siente que determinados grupos humanos son superiores a otros. A primera vista, lo cierto es que la postura de mi compañera parece ser mucho más democrática y humilde que la mía. Parece completamente arrogante suponer, no solamente que tenemos razón, sino que podemos "mostrarle" esa razón a otros. Pero lo que creo es que hay algunas opiniones que de por sí pueden dañar a otros, independientemente de que no se rompa ninguna ley en el proceso - como espero que lo muestre el caso de Konerak.
Floreal militaba en el Partido Comunista, como su padre, aunque sus tareas se restringían a repartir papeles por el barrio y asistir a algunas reuniones. A pesar de su baja jerarquía, en Campo de Mayo lo torturaron salvajemente, incluido empalamiento por el ano. Finalmente, lo ataron de pies y manos con alambre, lo subieron a un avión y lo tiraron al vacío...
Cuando Dahmer se quedó sólo con Konerak, lo estranguló y luego hizo su festín habitual con el cadáver, que incluía necrofilia, canibalismo y taxidermia. Las chicas, no satisfechas con lo que había hecho la policía, llamaron varias veces para preguntar por "el chico" narcotizado. En una de esas conversaciones, la persona que las atendió les dijo que no era un chico, sino un hombre, y que la policía no podía meterse en los problemas domésticos de una pareja homosexual. Cuando la familia de Konerak se contactó con la policía para denunciar su desaparición, y se difundió su foto, las chicas volvieron a contactarse con la policía, que omitió el dato por considerar que se hablaba de personas distintas. A Dahmer no lo atraparían hasta mucho tiempo después.
Hablé de creencias razonables e irrazonables sin definirlas, porque me tomaría mucho tiempo. Pero me alcanza con estas dos historias para mostrar un punto bastante obvio. Floreal y Konerak tenían 14 años, independientemente de sus estilos de vida, ideologías, creencias y comportamientos.
Los civiles del grupo de tareas, los militares que estaban a cargo de Campo de Mayo y demás personas que trabajan allí, no vieron a un chico de 14 años. Vieron a un militante comunista. Del mismo modo, la policía y los médicos que atendieron a Konerak no vieron a un adolescente drogado. Vieron a un homosexual que llevaba una vida de alto riesgo.
Una creencia irrazonable vendría a ser, entonces, toda aquella que logra que nuestros preconceptos moldeen la visión de la realidad al punto de desdibujarla por completo.A ver, dejemos algo en claro: Floreal era comunista y Konerak era homosexual. Floreal repartía folletos y Konerak conocía hombres en bares. Pero los policías y militares a cargo de ambos vieron, en un caso, a una persona peligrosa que conspiraba contra el estado y probablemente matara gente a bombazos, y en el otro a un adulto acostumbrado al alcohol y a las drogas para el que era algo relativamente común pasearse desnudo y sangrante por la calle. Tampoco pensaron que en un caso, al tema debería resolverlo la ley y, en el segundo, sus familiares, por más obvio que pareciera.
Una creencia razonable sería toda aquella que nos lleva a ver, en un adolescente, a un adolescente. Mi punto es, que con ejemplos de este calibre, creo que se muestra claramente por qué sí tenemos derecho a educar a todo aquel cuya religión, ideología o prejuicios lo hacen ver cualquier otra cosa.