Preguntas Filosóficas...

12 febrero 2011

... Para la Vida Cotidiana


Metafísica


Estábamos viendo el no-tan-amistoso Portugal-Argentina, riéndonos de los comentarios del relator a propósito del árbitro ("parece que hoy se olvidó las tarjetas", etc). Luego de la infracción del minuto 90, pero antes de que se decretara penal, el relator dijo indignado "Esto es penal!", asumiendo obviamente que el árbitro no lo cobraría. Al final lo cobró, Messi pateó y ganamos el partido.
Pero sigo preguntándome, ¿hubiera sido penal aún si el árbitro no lo hubiera cobrado? O imaginemos la situación a la inversa: el famoso gol con la mano de Maradona, ¿es gol?

Wikipedia dice al respecto: Se marca un gol cuando el balón cruza completamente la arista interna de la línea de meta entre los postes verticales y por debajo del travesaño de la meta, siempre y cuando el equipo que anota no haya infringido las reglas del juego previamente.

Desde esta postura, el gol de Maradona no es gol. Pero, esperen un poco, ¿quién decide si el equipo que anota infringió las reglas de juego? El árbitro. Si el árbitro no marca infracción, no hay infracción y el gol es válido. ¿O el árbitro debió haber marcado la infracción, porque ésta efectivamente sucedió, y por lo tanto nunca hubo tal cosa como un gol?

Este debate es un clásico en disciplinas variadísimas.

Si aceptamos que un gol es gol o no lo es, independientemente de la opinión de un árbitro, estamos asumiendo que podemos conocer el mundo de manera directa y efectiva. Asumimos que las reglas son un modo de análisis de la realidad, pero que no la definen en absoluto sino que dependen en última instancia de ella. Si estamos dispuestos a llevarlo hasta sus últimas consecuencias, nos incribiríamos en una ontología muy fuerte y muy confiada de sí misma: El mundo es real, El mundo es cognoscible, Yo en particular lo puedo conocer y Yo, efectivamente, lo conozco.
En cambio, opinar que un gol es gol cuando el árbitro decide, implica pensar - de nuevo, si lo llevamos hasta sus últimas consecuencias - que la realidad no está definida en y por sí misma, sino que es una construcción que nosotros realizamos sobre una base que puede ser más o menos firme. En última instancia, el árbitro existe para tener la última palabra, para evitar la pelea eterna que podría ocasionarse ante una perdonable percepción errónea por parte de uno de los contendientes. Lo que implica que no confiamos en nuestro conocimiento del mundo, o en la misma cognoscibilidad que éste parecería tener. Podemos equivocarnos de buena fe. El status ontológico de un hecho (por ejemplo, el que un jugador haya tocado o no la pelota con una mano) puede ser debatible y obscuro; ante esa situación, lo construimos como factum (o lo desechamos como imaginación) de manera arbitraria.

¿Qué es, entonces, un gol? ¿Es lo que sucede o lo que el árbitro dice que sucede?

(¿Y no pasa lo mismo siempre que alguien se queja de la absolución de un acusado en un juicio afirmando que "es culpable"? ¿No es el juez el que decide quién es culpable o quién es inocente? ¿O hay una verdad que vuelve al acusado culpable o inocente, y el juez debe descubrirlo?)



Ética


Estábamos en Bariloche con mi hermana mayor, mi cuñado y su hija, Martina. Estaba atardeciendo y decidimos ir a comer algo, para después agarrar el auto directamente y partir de vuelta para Mendoza.
Estacionamos en el centro, enfrente de un supermercado. Cuando nos bajamos notamos que en la vereda había un coche abandonado. Al principio pensamos que estaba roto, pero no, estaba perfecto. Completamente vacío, sin ningún bolso o cartera que permitiera identificar al dueño y abandonado casualmente en la calle.

Primero pensamos que algún turista de esos medio salames entraron al supermercado y lo dejaron en la calle, esperando ingenuamente encontrarlo a la vuelta. Pero, vamos, que esto es Argentina y no creo que nadie sea tan estúpido. Por otro lado, el coche no estaba cerca de la puerta, sino a unos 10 mts de la misma y bien pegado contra la calle. Parecía que alguien lo hubiese dejado al lado de su auto y luego hubiera seguido caminando. Miramos a todas partes, pero no había nadie que nos estuviera mirando de vuelta con cara de "Eh, giles, suelten mi coche".

Los chicos justo venían hablando de que su coche no era tan perfecto como podía ser. Una de las ruedas hace un chillido horrible y muchas veces queda flotando en el aire. Moverlo es difícil, a la manera de los carritos de supermercado.
Nadie dijo nada, pero todos estábamos pensando lo mismo. De todos modos, después de estar un rato debatiendo de quién sería el coche, fuimos a comer.
Estuvimos una buena media hora buscando un lugar que nos gustara y fuera medianamente pagable. Al final encontramos uno medio lejos, donde nos atendieron con un poco de tardanza. Cuando enfilamos de nuevo para el auto, había pasado una buena hora y nuestras esperanzas de que el coche nos aguardara eran mínimas. Suponíamos que ya lo habían agarrado algunos pibes u otra familia con un coche que tuviera una rueda mala o simplemennte alguien cuyas defensas morales fuesen más bajas que las nuestras.

"Si todavía está el coche" dijo Jimena, "entonces nos lo llevamos".
Lo cual me parece bastante lógico, porque si en nuestro país un objeto medianamente oneroso puede quedar una hora esperandote en la vía pública, definitivamente está destinado a ser tuyo.

Pero cuando íbamos caminando hacia allá, vimos que el coche no estaba.

En ese momento caí en la cuenta de las ganas que tenía de afanarme el maldito coche. Si cuando estaba a mi alcance mi conciencia me decía "noestuyonoestuyo esdeunpobreniño", apenas lo vi fuera de mi alcance sentí que había desperdiciado una oportunidad invaluable.

Cuando nos subimos al auto, pasaron dos cosas: notamos un cartel en el parabrisas y una señora comenzó a correr hacia nosotros gritando.
Había "encontrado el coche" y lo había dejado en la guardia del supermercado. Por si no nos veía cuando volviésemos, había dejado un mensaje en el parabrisas. Pero nos vio. Jimena y yo empezamos a sonreír de manera culpable y mi cuñado se hizo cargo dela situaión, fue hasta la guardia y agarró el coche, que ahora está en mi casa, mirándome mientras escribo esto.
Y fin de la historia.


No violamos ninguna ley, según mi mamá, porque el coche cuenta como un objeto perdido y/o abandonado. Pero yo me sigo sintiendo culpable.
"¿Qué es esto que acabo de hacer?", le pregunto a mi Metafísica de las Costumbres a cada rato. "¿Es moralmente correcto, dado que mi hermana necesitaba el coche? ¿Es moralmente neutro, dado que no perjudicamos a nadie pero no hicimos una acción moral? ¿O es moralmente incorrecto apropiarse de lo que otro pagó y tuvo la mala suerte de perder? ¿Kant, qué es? ¿Cuál es la máxima que está por detrás de levantar un coche de la vía pública? ¿Es universalizable esa máxima? ¿Reporta contradicción el que todo el mundo se lleve coches de la vía pública? Kant, Kant, ¿por qué no me hablás cuando te necesito?"

Y es que si todo el mundo fuese como en Japón, habríamos dejado el coche a la espera de que la familia que lo perdió recordase en dónde lo perdió y volviera para encontrarlo. Pero estamos en Argentina y sabíamos que otro iba a llevarselo antes que nosotros. Pero tal vez si nosotros no nos lo lleváramos nadie más lo hiciera.
Ahora, ¿es válido pensar en la familia que lo perdió? No teníamos modo de contactarlos. ¿Por qué no podemos pensar simplemete en el coche como un objeto abandonado? ¿Por qué lo ligamos ontológicamente a un propietario cuando es una cosa en sí misma, cuya posesión o perdida no acarrea ningún tipo de consecuencia moral para uno mismo? ¿Por qué la culpa de robar algo que no pertenece a nadie?

¿Se puede decir que en este caso violamos una ley moral?